10 de mayo de 2012

En las calles hasta los más conservadores de la clase media

LA COB DECRETA PAROS Y HUELGAS GENERALES A SABIENDAS DE QUE LOS SECTORES MÁS IMPORTANTES NO LA VAN A ACATAR En las calles hasta los más conservadores de la clase media Miguel Lora Ortuño * La incorporación del movimiento universitario y la simpatía de los demás sectores sociales han fortalecido la movilización de médicos y salubristas. La dura represión hace de catalizadora del repudio generalizado al gobierno del MAS. Evo Morales muestra su debilidad con la “suspensión” del decreto 1126. No cabe duda que, entre los profesionales libres, los médicos y los ingenieros de las diferentes ramas de la producción están entre los más privilegiados. Tienen ingresos superiores, en proporción a la inversión hecha en recursos económicos y tiempo en su formación. En el sistema capitalista la profesión es también una mercancía cuyo valor de cambio se determina por el tiempo socialmente necesario utilizado en su formación. Hasta antes de la presente movilización, ¿a quién se le hubiera ocurrido pensar que esos respetables señores de mandil blanco pudieran ocupar las calles, junto a los obreros, maestros y los sectores más deprimidos de la sociedad, repitiendo las mismas consignas subversivas de los explotados? Estas capas altas de la clase media siempre han sido las más conservadoras y se han convertido en los sectores que siempre han pugnado por la consolidación del orden social establecido, de la estabilidad económica y política ha dependido el éxito en la carrera profesional. Ahora, la crisis estructural del sistema capitalista, está arrastrando a todos. A su modo, la lucha de los profesionales de la salud por la defensa de sus derechos ganados y brutalmente conculcados por el gobierno indígena – burgués del MAS, es la réplica del movimiento universal de los indignados que, en sus sectores más avanzados, cuestionan el destino del sistema social vigente. Sorprende escuchar los discursos de los dirigentes médicos, señalan que en la acción han llegado al convencimiento de que su lucha no es limitadamente gremial y sectorial. Están convencidos que se trata de una lucha política y que su victoria depende de la victoria del conjunto de la movilización. Sus capas más avanzadas buscan con avidez una dirección política que encarne las condiciones de la actual lucha. Los mecánicos piensan que la movilización de los profesionales de la medicina encausa de manera natural hacia la derecha. Nada más falso, su contacto en la lucha con los explotados los encamina al encuentro con las tendencias revolucionarias. La única derecha vigente en Bolivia es el gobierno del MAS que, día a día, se muestra como instrumento de las transnacionales y de los empresarios privados nacionales. Su política salarial es la aplicación disciplinada de las recetas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Contra esa derecha, y no hay otra, están luchando estas capas altas de la clase media. Las explosiones de malestar de los diferentes sectores aparecen por todo lado y, como no puede ser de otra manera, los objetivos que enarbolan son sectoriales y bastante dispares entre sí. Los que dependen de un sueldo postulan como objetivo el salario mínimo vital (canasta familiar), los médicos salen contra la jornada de ocho horas que pretende imponer el gobierno, los trabajadores salubristas exigen su derecho de ser incorporados a la Ley General del Trabajo, los transportistas se movilizan por el incremento de tarifas y los reordenamientos vehiculares municipales, los indígenas del TIPNIS por la defensa de su hábitat natural, los estudiantes universitarios contra la ley financial que está provocando la huida en masa de sus mejores docentes, las OTBs por la subida de precios de los servicios básicos (energía eléctrica, agua,), etc. A pesar de los objetivos sectoriales tan diversos que enarbolan los movilizados, éstos se encuentran ocupando el mismo escenario en sus movilizaciones y, de manera natural, surge la tendencia a actuar de manera unitaria. De manera espontánea, surge la solidaridad en la lucha, con mayor razón cuando el gobierno pretende echar mano a la represión para aplacar el malestar social. En medio de este panorama se han plasmado pactos formales por ejemplo entre médicos, trabajadores salubristas, maestros y estudiantes universitarios que, en diferentes capitales del país planifican sus acciones de manera conjunta. El elemento aglutinante de estas acciones unitarias es el repudio político a un gobierno incapaz y prepotente que no atina a tomar la iniciativa para atender las demandas de la gente. Evo Morales en una conferencia de prensa realizada el sábado 28 de abril se burló de las huelgas de hambre y ratificó que no cederá. ¿Esta actitud debe ser interpretada como fortaleza del gobierno? No. Sabe que ante cualquier pequeña concesión empoderaría a los sectores en conflicto creando la sensación de victoria entre los combatientes, cuando precisamente está interesado en desmoralizar y fracturar la lucha unitaria. Hasta ahora, todas las maniobras gubernamentales para desmontar la movilización no han tenido ningún efecto; fracasó el intento de desmovilizar a los pueblos del TIPNIS para impedir que participen de la marcha regalando motores a bordo, mochilas, alimentos, celulares y otras chucherías; no pudo desmontar la movilización del magisterio; no logró amedrentar a los médicos y trabajadores salubrista con despidos y descuentos. La posibilidad de aplacar las movilizaciones usando la represión, como ocurrió en La Paz, en lugar de amedrentar a los movilizados, los enfurece mucho más. En Cochabamba, los estudiantes universitarios salen a las calles decididos a vengar a sus compañeros paceños y rompen las puertas y vidrios de la gobernación, destruyen los ventanales de la sede de los cocaleros y del MAS. La millonaria campaña de desprestigio que ha iniciado el gobierno por todos los medios de comunicación ha sido contraproducente porque exacerba la bronca creciente de los trabajadores y de la clase media contra el gobierno. Los diferentes sectores más pobres de la población se vuelcan a las calles exigiendo al gobierno soluciones a sus necesidades vitales sin encontrar respuestas que les satisfagan. Para ellos cada día se hace más evidente la incapacidad del gobierno demagogo y acentúa su entrega cínica a las transnacionales y a la empresa privada nacional, cargando todo el costo de la crisis económica sobre las espaldas de los trabajadores. En los últimos días percibe una radicalización de las movilizaciones callejeras y los bloqueos de caminos en los centros neurálgicos de las ciudades, dejando en segundo plano las huelgas de hambre y tapiados, lo que ha obligado al gobierno a recurrir a una feroz represión, situación que ha exacerbado aún mucho más el estado de ánimo de los combatientes. Los bloqueos que comenzaron en La Paz y Cochabamba y rápidamente se generalizaron en todo el país, y en los últimos días se incorporaron a la movilización los trabajadores que prestaban servicios de emergencia en las provincias, encolerizando a la gente que necesita de atención médica, no contra los médicos en huelga sino contra el gobierno incapaz de resolver el conflicto médico. Las trabajadoras sexuales de El Alto de La Paz que necesitan un control de salud permanente se han sumado a la lucha instalando un piquete de huelga de hambre. Pero no todos los sectores se incorporan a la lucha al mismo ritmo; unos, como los médicos, salubristas y universitarios, se encuentra muy adelante con referencia a los maestros que tardan mucho en sumarse a la movilización y a los trabajadores ligados a la producción como los mineros, fabriles y otros. Esta disparidad de ritmos en la incorporación a las movilizaciones es un talón de Aquiles que impide un rápido desenlace en la solución del conflicto y permitirle al gobierno maniobrar para desmontar la protesta sector por sector. En esta dirección, el gobierno anunció la “suspensión” de la aplicación del decreto 1126, maniobra que ha sido frustrada por la respuesta contundente de los movilizados que reiteran su exigencia de la derogatoria de ese instrumento legal conculcador de sus derechos. Evo Morales, en su impotencia, ha anunciado que el destino del D.S. 1126 y los problemas de los diferentes sectores los traslada a una Cumbre Nacional de Salud que convocaría inmediatamente para que en esa instancia se los resuelva en el marco de la voluntad popular. Con todo, el gobierno puede ceder a la presión del sector salubrista cuando considere inminente la generalización de la protesta, hecho que pondría en grave peligro la estabilidad del mismo gobierno masista. La huelga y al movilización La huelga general es parte de la acción directa de los asalariados que consiste en que éstos toman en sus manos la solución de sus problemas, sin que medie la acción tramposa y dilatoria de la legislación burguesa. Se trata de un método de lucha que consiste en la paralización de la producción que, en el sistema capitalista, es una estocada mortal al corazón mismo de la patronal y del Estado burgués que actúa como empleador. Sin embargo en Bolivia, por el gran peso que tiene el proletariado en los demás sectores explotados que no tienen relación directa con la producción (maestros, comerciantes, transportistas, etc.), se ha generalizado el uso de la huelga para exigir a los gobernantes la satisfacción de sus necesidades y sólo tiene efectos positivos si la medida, de alguna manera, altera las actividades del conjunto de la población, cuando va acompañada de otras medidas de presión como las marchas y bloqueos de calles y caminos. Los gobiernos de turno, cuando los sectores de servicios acuden a la huelga, sabiendo que su incidencia sobre la economía es muy pobre, se limita a cruzarse de brazos y a desarrollar una furiosa campaña para volcar a la población contra los huelguistas esperando que el movimiento se desgaste internamente por sí mismo; por otra parte, usa el mecanismo de los descuentos por días de huelga para desmoralizar a los combatientes y termina derrotándolos. Los dirigentes de las organizaciones sindicales nacionales comprometidos con los gobiernos de turno deliberadamente decretan paros de labores y huelgas generales a sabiendas de que los sectores más importantes de la producción no la van a acatar y, frente al fracaso de la medida, justifican las traiciones más canallescas y terminan conduciendo la lucha de los explotados a la derrota. Este papel está haciendo la actual dirección de la COB y cada paro que decreta le significa al magisterio, por ejemplo, descuentos inmisericordes, el deterioro la capacidad de convocatoria de las organizaciones sindicales y la desmoralización de las bases porque una gran parte se resiste a acatar este tipo de medidas. Por esta razón, el magisterio urbano ha planteado en el ampliado de la COB que se abstengan de decretar más paros y, si se da la inevitabilidad de la huelga general indefinida, ésta debe ser previamente preparada para garantizar que los sectores productivos la acaten. Lo que corresponde hacer en el proceso de preparación de la huelga es exacerbar las movilizaciones y bloqueos de caminos y calles hasta lograr la paralización total del país, unir las luchas de los centros urbanos con la marcha indígena. El ampliado ha desoído el planteamiento del magisterio y ha decretado el paro de 72 horas. La mayoría de las federaciones del interior, ante la imposibilidad de acatar la medida de manera unitaria, ha resuelto sustituir el paro con grandes movilizaciones que se suelden firmemente con los trabajadores salubristas, los médicos y los universitarios que ya están en las calles. La huelga es un método de lucha efectivo sólo si la acatan los sectores ligados a la producción. El paro de 76 horas decretado por la COB será sustituido por grandes movilizaciones en el magisterio. Los éxitos que se han logrado en las luchas de estos sectores han sido por la radicalidad de sus movilizaciones que han puesto en jaque a los gobiernos de turno, poniéndolos frente a la disyuntiva de ceder o caerse. * Dirigente de la Federación de Maestros Urbanos de Cochabamba.

Europa: la bancarrota capitalista y el agotamiento político

Jorge Altamira | 10 mayo, 2012 | Comentarios (0) El fin de semana pasado cerró una etapa en el recorrido de la bancarrota de la Unión Europea (UE) y del capitalismo mundial. Una serie de eventos electorales nacionales metió en la centrifugadora a los regímenes políticos de Europa en su conjunto. Las crisis políticas se han convertido ahora en un factor determinante en el desarrollo de la bancarrota capitalista. El desarrollo de la crisis capitalista mundial ha entrado en una contradicción definitiva con las estructuras de poder heredadas de etapas precedentes y, como consecuencia, con la misma Unión Europea. La burguesía no puede seguir gobernando como lo venía haciendo. Gran Bretaña Las elecciones municipales en Gran Bretaña propinaron una severa paliza al partido conservador, el cual perdió numerosos distritos. Ocurre en momentos en que la economía ha ingresado en una nueva recesión, a pesar de todos los ‘estímulos’ que se aplicaron para evitarla y de las enormes sumas invertidas por el Banco de Inglaterra para rescatar a los bancos. El primer ministro, Cameron (no confundir con el vaciador que ocupa la secretaría de Energía del ‘cristinismo’), enfrenta también la posibilidad de un juicio político como consecuencia de su maridaje con un delincuente público de los medios de comunicación, Rudolph Murdoch, quien está imputado por espionaje a la población para su prensa amarilla. Los observadores de la política inglesa coinciden en señalar que está amenazada la coalición de los conservadores y liberales, los que pactaron un matrimonio de conveniencia hace dos años, a pesar de representar posiciones antagónicas sobre la relación de Gran Bretaña con la Unión Europea. Italia El otro acontecimiento electoral fue el de las elecciones municipales en parte de Italia, las que destrozaron -literalmente- al partido de Berlusconi y a su ex socia, la Lega Nord. Lo mismo vale para el Partido Democrático, de centroizquierda, el cual solamente obtuvo resultados favorables allí donde estuvo representado por una candidatura de oposición a la dirección nacional. Italia se ha quedado sin partidos de gobierno, lo que no es poca cosa pero que tampoco debe ser sorprender -esto porque esos partidos renunciaron a su propia condición cuando entregaron el gobierno a un ‘técnico’, Mario Monti, y un coro de profesores, lo que fue impuesto por la Comisión Europea (es decir, el gobierno alemán) y el FMI. El resultado ha beneficiado a un grupo calificado de “anti-político”, denominado “5 estrellas”, el que está encabezado por un comediante muy conocido, de modo que el ‘gobierno técnico’ ha generado su réplica: un vacío político en el gobierno y otro en la oposición. Un anticipo de esta evolución política lo ofreció, a principios de año, un movimiento reivindicativo contra la carestía y contra el ajuste fondomonetarista protagonizado por agricultores y trabajadores de estaciones de servicio, el cual fue condenado por el ‘establishment’ político de derecha y de izquierda, dado que le atribuían conexiones con la mafia. Se ha creado, en Italia, un agujero o vacío político que deberá ser llenado a corto o mediano plazo. El gobierno actual, por ‘técnico’ que parezca, no podría gobernar siquiera un segundo sin la base político-parlamentaria formada por berlusconianos y centroizquierdistas. El revés descomunal sufrido por estos partidos significa, entonces, un resonante repudio, en menos de seis meses, al gobierno ‘in carica’ y a su tutora, la Comisión Europea -es decir, al gobierno Merkel y al FMI. En efecto, este gobierno autobautizado “salva Italia” se ha despeñado en las encuestas y enfrenta un repudio popular que crece a mayor velocidad que el deterioro de la economía italiana. La consigna “Fuera Monti, por un gobierno de trabajadores” resulta perfectamente adecuada al momento político italiano, que debería desarrollarse sobre la base de una campaña anticapitalista a partir del movimiento obrero. Alemania ¿No ocurre nada en Alemania? Claro que sí, pues la señora Merkel viene perdiendo, sin prisa ni pausa, las elecciones regionales. Peor les va a sus aliados liberales. Por eso existe entre los observadores cierta certeza de que Alemania deberá volver a un gobierno de coalición amplia cristiano-socialista. El ‘gobierno imperial’ de la UE se podría quedar sin emperadora. Es que el macaneo sobre la llamada fortaleza europea omite que Alemania conoce una fuerte tendencia a la recesión, la que obedece a la crisis de las economías europeas y al repliegue de la demanda de China. Alemania es la acreedora de los Estados en bancarrota y de los bancos quebrados del resto de la eurozona, lo que se percibe en los balances del Deutsche Bank y del Commerzbank -este último, con un ‘defol’ financiero. Las finanzas alemanas están afectadas también por una bonanza artificial, producida por la fuga de capital europeo hacia la deuda pública alemana. Esta ‘burbuja’ explica el comienzo de una onda especulativa contra los bonos alemanes. El sistema de bancos centrales de la eurozona adeuda al Bundesbank cerca de 800 mil millones de dólares, simplemente impagables. Una devaluación persistente del euro, como resultado de una salida de capitales de la eurozona provocado por las crisis financieras en curso, implicaría una desvalorización de los créditos alemanes con el resto de Europa. El epicentro de la crisis europea se encuentra en Alemania. Lo que con mayor intensidad expresa el impasse alemán son, indudablemente, las huelgas de los trabajadores de la metalmecánica. Además de un aumento de salarios, cuyo monto la patronal se niega a aceptar, el sindicato reclama la incorporación a los contratos por tiempo indeterminado de dos millones de obreros precarizados -una incorporación que simplemente derribaría el sustento de la superplusvalía del capital alemán. La IGM, el sindicato metalúrgico, levanta esta reivindicación como resultado de la presión social descomunal que está sufriendo por parte del proletariado precarizado -es decir que se esfuerza por encaminarlo para que no lo desborde con ‘huelgas salvajes’. Como se ve, Alemania no se encuentra fuera de la corriente. Francia El domingo, terminó en Francia un ‘reinado’ que debió haber acabado mucho antes. Los observadores han llamado la atención sobre la crisis que el resultado electoral desata en el llamado pacto fiscal impuesto a los países de la zona euro por el derrotado Sarkozy con Angela Merkel. Las elecciones, sin embargo, se limitaron a reflejar un hecho consumado: ese pacto fiscal es inviable. El desenlace electoral es una expresión de la crisis política europea en su conjunto. La línea fundamental de salida a la crisis económica, diseñada por los estados mayores de los bancos, ha caído en desuso. El viraje en la orientación económica que impone el resultado electoral francés es imposible sin crisis sucesivas. A finales de mayo, el electorado de Irlanda está llamado a un referendo sobre ese pacto, el cual después de las elecciones francesas tiene mayores posibilidades de ser derrotado, aunque es apoyado por los dos partidos principales del país. Sin pacto fiscal, la zona euro se queda sin programa -o sea, sin brújula. La segunda vuelta no ha borrado las secuelas que dejó la primera: el dúo conservador-socialista ha caído a menos de la mitad del padrón electoral. La UMP, el partido de Sarkozy, amenaza con desintegrarse en las legislativas de junio próximo bajo la presión del Frente Nacional. El 35 por ciento de los votos que el FN obtuvo en la primera vuelta fueron transferidos a Hollande en la segunda; un 15 por ciento fue al voto en blanco. El próximo gobierno apenas representa el 25% por ciento del padrón electoral. Carece de espaldas para enfrentar la nueva etapa de la crisis, la que se va a caracterizar por una corrida contra los principales bancos franceses. El 11,5 por ciento que obtuvo el Frente de Izquierda en la primera vuelta no se traducirá en una mayor capacidad política. Solamente el partido comunista podrá obtener, gracias a su aparato y conexiones, una representación en el parlamento que se votará en junio. El PC no es solamente un freno político -su aspiración es llegar a un acuerdo de gobierno con Hollande. La desintegración del centro político no se traduce en una polarización. Esto vale para el conjunto de la Unión Europea. La política burguesa goza aún de un margen de maniobra, debido a la ausencia de un polo anticapitalista o revolucionario. La etapa que se inicia puede ser caracterizada como una transición hacia esa polarización, cuyo ritmo deberá ser verificado por medio de una acción militante. España El Estado español no tuvo elecciones, pero es donde la crisis política podría alcanzar una agudeza excepcional como consecuencia de la aceleración de la bancarrota financiera. Esto ya ha desatado un conflicto enorme con las comunidades autónomas, lo que replantea la cuestión de la autodeterminación nacional -en especial para Cataluña y el País Vasco, uno de los conflictos que llevó a la guerra civil. El derrumbe de Bankia, una entidad que se formó por la fusión de seis bancos quebrados con asistencia financiera del Estado, amenaza con poner a España en las filas de solicitantes de un rescate europeo. Grecia Grecia resume toda la crisis política que se ha puesto en movimiento en Europa. Las elecciones del domingo pasado han creado una situación excepcional: el ‘establishment’ político ha sido privado de mandato por medio del voto ciudadano. El referendo que la señora Merkel vetó a finales del año pasado retornó con yapa (como advertimos, en noviembre pasado, que habría de ocurrir). El ‘rescate’ de Grecia recibió su certificado de defunción. En Grecia, una coalición de izquierda, Siryza, se ha transformado en el árbitro político. Esto es lo fundamental de la nueva situación política. El núcleo fundamental de Siryza está constituido por Sinapsysmos, una escisión reformista (‘eurocomunista’) del partido comunista, originada a comienzos de la década de 1980. En los últimos años, sufrió la separación de un ala derecha. Siryza ha jugado un papel combativo en las huelgas universitarias y en las luchas recientes, con una línea de fuerte ataque contra la izquierda revolucionaria, a la que acusa de ultrista y teme como rival. Reivindica la ruptura de los pactos de ajuste, despidos masivos, rebajas salariales y privatización de empresas firmados por Grecia con la Unión Europea; exige la moratoria de la deuda externa; plantea la intervención y la eventual nacionalización de los bancos; pero es firme defensora del euro y de la Unión Europea. Un planteo y el otro son definitivamente incompatibles, incluso si las reivindicaciones que levanta Siryza no salen del marco capitalista. El único interrogante es si la Comisión Europea tiene un plan B para negociar los planteos de Siryza, u otro para expulsar a Grecia del euro. El carácter político de Siryza es fundamental, porque Grecia deberá convocar a nuevas elecciones ante la imposibilidad de formar gobierno con los resultados del domingo último. Siryza podría convertirse, en este caso, en una fuerza mayoritaria. Esta posibilidad podría obligar al partido comunista a cambiar de frente: de la hostilidad hacia Siryza a un frente o gobierno de coalición con ella -aunque lo más probable es que acentúe su línea sectaria, con la finalidad de ofrecer una posibilidad de recomposición a los partidos burgueses tradicionales: Nueva Democracia (y sus escisiones) y Pasok. En la izquierda revolucionaria, algunos sectores podrían pasar al apoyo político a Siryza. En síntesis, podría formarse en Grecia un gobierno ‘chavista’ (para usar una terminología actual) o kerenskista, en el lenguaje clásico. Esto en medio de un colapso social y político excepcional. Grecia es una expresión concentrada de las tendencias que, con menor desarrollo, recorren Europa, las que desembocarán en una situación revolucionaria.

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