4 de abril de 2013

Opción Obrera llama a votar nulo No hay otra alternativa para la izquierda clasista e independiente

Opción Obrera llama a votar nulo No hay otra alternativa para la izquierda clasista e independiente Votar por Maduro o Capriles es escoger entre dos formas de continuar prolongando la vida al país capitalista. El dilema tanto para el gobierno como para la oposición de derecha, tras las presidenciales, es cómo continuar logrando que los trabajadores y las comunidades sustenten ese rumbo, inflación más devaluación y siempre tender el salario al mínimo. Ambos son incapaces de resolver los problemas estructurales del país, el desarrollo del agro, la industrialización y los servicios plenos. La ficción socialista del legado de Chávez y las promesas liberales de Capriles tienden a la supervivencia en plena bancarrota capitalista mundial de la sociedad del gobierno con los patronos, cada cual según su maña. Maduro el delfín de Chávez El fin de Maduro es tratar de continuar el nacionalismo en su ocaso, al caudillismo le es cada vez más difícil arbitrar la lucha de clases. La devaluación, el déficit fiscal y el endeudamiento no permiten progresar en la producción industrial en particular con inmensos recursos de aluminio, hierro, oro, petróleo y gas, ni qué decir del desarrollo agropecuario, a esto se le suma el deterioro de los servicios públicos: la electricidad, las vías, el agua potable, el transporte. Todo este panorama indica que las bases de sustentación, del gobierno chavista, se debilitan o desaparecen; los recursos para las misiones son menores, los fondos sociales disminuyen y las deudas asumidas por ellos aumentan. Por otro lado la oposición de derecha no esta unida ni para subastar al país, lo que demuestra su existencia como consecuencia de la incapacidad del gobierno. Para el Estado, sin embargo, su presencia es un aval al juego “democrático” que pueda ser usada en un momento dado como factor de recambio. La importancia de tener una propuesta alternativa La declinación del chavismo como árbitro, ahora sin Chávez, conduce a un empantanamiento en las relaciones sociales y a una ruptura entre sectores de sus bases, pero lo más importante, y simultáneamente, la ruptura entre el gobierno y sectores de relevancia de los trabajadores. El chavismo sin Chávez es un hecho, su herencia con Maduro, y detrás incontables personajes, originará muchas facciones donde cada uno reclamará ser el chavismo auténtico. El dinero para continuar gobernando como antes no lo hay, más dramático aún con un barril de petróleo al doble del valor presupuestado. Es la consecuencia de la incapacidad nacionalista (chavismo), bajo el mismo marco de las relaciones de producción capitalistas que impone el imperialismo, de emanciparse de su función como proveedores de materias primas. Luego de 14 años de “nacionalismo” el gobierno bolivariano, en vez de avanzar a una producción nacional propia al margen de la renta petrolera, ha acelerado al país al endeudamiento por prestamos y emisión de bonos, lo que ha conducido en 2012 a un grave déficit fiscal que desde octubre de ese año se trata de minimizar congelando la economía pero a la vez desatando la espiral inflacionaria, la especulación sin parangón y la escasez de los bienes de primera necesidad. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio… por ahora Un gran sector de la izquierda es funcional al chavismo y se estructura tras el PSUV y su entramado en el gobierno. La aceptación o el reconocimiento del populismo como “proceso de cambios” o “revolución bolivariana” ha conducido a la asimilación política de infinidades de organizaciones provenientes de la ultraizquierda y hasta de sectores del trotskysmo morenista y pablista, esto junto al sindicalismo chavista coarta la posibilidad de mantener siquiera vestigios de independencia o autonomía en el movimiento obrero. Esta izquierda ni siquiera es consecuente con el problema del salario y de la jornada de trabajo, en ningún 1° de Mayo se destaca con propuestas al respecto, para esto se mantienen junto a la CSBT–una central artificial o real según el caso, muda para el clamor de los trabajadores o defensora del principal patrono que no es otro que el Estado. Sin el liderazgo de Chávez no se puede continuar el chantaje o la acusación de que se promueva un chavismo sin el líder ahora que un chavismo con Maduro, o más tarde con otros actores, pueda continuar por largo tiempo dirigiendo a Venezuela. Es el símil venezolano al peronismo argentino, luego de tantos años de la muerte del General Perón, y por más agotado que estén en sus respuestas ante los requerimientos del país, si no hay una alternativa autónoma y clasista, continúa vigente transformado en podredumbre. La izquierda autónoma no tiene hoy fuerza, no representa ninguna alternativa, sin embargo no puede claudicar en su afán de tenerla y de serla. Se plantea, por tanto, la necesidad de construir la referencia por la izquierda ante panorama tan sombrío, de procesar la experiencia política tras el desencanto con el nacionalismo y encausar a los que mantienen la lucha tras esa referencia para evitar que las salidas de corte fascista terminen derrotando el ascenso que han venido demostrando las masas desde 2008, aplacadas luego de haber derrotado al imperialismo y a la derecha con el golpe de abril de 2002 y el paro petrolero de 2002-2003. 2008 representó el año en que comienzan a verse los efectos de la bancarrota mundial del capital en el país, la respuesta de las masas ha sido la de la lucha aunque todavía se encuentren mediatizadas por la cooptación chavista. El Bolívar Fuerte, como valor equivalente general de las mercancías del país, se desmorona traduciéndose en un costo muy alto para quienes percibimos el sustento a través de un salario. No podemos hoy obtener lo mismo que a antes del 8 de febrero cuando el gobierno devalúa oficialmente la moneda. El cuadro económico de la nación es cada vez más grave, los recursos fiscales en declinación expresan la incapacidad del Estado capitalista para realizar inversiones productivas –retrasos y postergaciones evidentes en ferrocarriles, vías y puentes, metros, acueductos, generación eléctrica, vivienda– o pagarles a sus empleados –las contrataciones colectivas en el sector público y empresas del Estado suman décadas de vencidas– y su apoyo a los patronos privados para realizar lo mismo con sus trabajadores. Este populismo se fracturará y habrá choques entre sus promotores, también choques entre el gobierno y los trabajadores señalando el colapso del mal llamado socialismo del siglo XXI. Si los candidatos no nos representan, ¿cuándo nosotros, la izquierda clasista, representaremos a las masas? Las luchas obreras debemos presentarlas a partir de sus problemas diarios y ligarlas a la única posibilidad de resolverlas definitivamente desde un gobierno de los trabajadores. Para eso se necesita, primero, que lleguemos y estimulemos a la vanguardia sin cometer el craso error de tratar de atarla a nuestras propuestas, sino más bien, enlazar sus propuestas a una orientación revolucionaria. En eso consiste la fusión de la izquierda y del socialismo con el movimiento obrero. En eso consiste en crecer desde su interior como otras épocas lo hicimos. Somos pocos los que mantenemos una actividad al margen de la conciliación con el gobierno, y lo que es peor, aún no representamos cuantitativamente algo que nos multiplique ante los incrédulos, o escépticos en el mejor de los casos, que son la mayoría trabajadora del país. Sin embargo, los que dirigen el país no pueden tolerar ni un ápice de participación clasista autónoma e independiente; hasta listas de proscritos o “vetados” en la industria petrolera y en la manufacturera han sido creadas, con el aval de las instituciones del trabajo del Estado, para quebrarnos el débil espinazo de la indocilidad. La devaluación es un golpe al salario, las excusas dadas por el gobierno y sus acólitos jamás podrán ocultar ese hecho. Tras que pasa el tiempo y la medida decretada sigue su accionar no se puede eximir su denuncia, todo lo contrario, tenemos que acentuar la lucha por resarcir el valor que nos han robado al salario, y también por el derecho a huelga, contra la criminalización de la protesta laboral y comunal, contra la tercerizacion y por la vigencia de la contratación colectiva. La devaluación solo se puede contrarrestar con producción nacional y eso no lo garantizan las alternativas de Maduro o Capriles, algo peor, la avidez por parte de la burguesía de obtener más plusvalía en época de crisis capitalista son mayores pero precisamente sus posibilidades en conseguirlas son escasas o nulas, la inviabilidad de un avance capitalista autónomo en la época actual del imperialismo en declinación conduce a salidas trágicas, guerras, masacres y fascismo, o benéficas, la revolución. Un frente de organizaciones de izquierda y una propuesta de este frente hacia los trabajadores en situación de conflicto se hace impostergable para impedir su descabezamiento en la lucha por los reformistas del PSUV y sus socios en las organizaciones de conciliación, así como la injerencia de los comandos regionales “laborales” de la GNB. Convocar a elegir delegados de base en asambleas para coordinar las luchas para oponerse a los burócratas sindicales y superarlos. Lanzar planteamientos comunes de lucha, ya que no hay ninguna propuesta para unificar puntos comunes, no es redundante. Debe hacerse desde diferentes regiones o sectores con el fin concreto de convocar una organización propia de los trabajadores como salida de conjunto. Para Opción Obrera la urgencia de agrupar las organizaciones que planteamos el voto nulo y un 1° de Mayo combativo, son pasos para encausar a los trabajadores por la senda de unidad bajo las banderas de la autonomía y la independencia de clase. Opción Obrera 02/04/2013

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