14 de abril de 2011

MANIFIESTO DEL PARTIDO SOCIALISTA UNIFICADO DE LOS TRABAJADORES DE BOLIVIA (PSUTB)


El Partido Socialista Unificado de los Trabajadores de Bolivia, manifiesta al pueblo de Bolivia que, dado el Gasolinazo de Navidad de 2010, los efectos al momento actual son devastadores contra el pueblo boliviano.
Los trabajadores del país no podemos quedarnos con los brazos cruzados y ver cómo el neoliberalismo pintado de colores y símbolos folcloristas, ha embaucado a los campesinos originarios para hacerles creer que ellos gobiernan el Estado, pero en lo concreto nos damos cuenta que sigue siendo el neoliberalismo y los neoliberales quienes gobiernan el país, en nombre de los indígenas y el pueblo boliviano.
Reiteramos que el Mas es un accidente histórico y la catástrofe presente que somete al país al mandato del mercado capitalista, esto lo ratifica la obediencia del masismo al 21060 que bajo el azote del libre mercado, el pueblo día a día se ve reducido e impotente para comprar un pedazo de pan, una libra de azúcar o transportarse kilómetros y kilómetros a pie por el alza de las tarifas del transporte.
Este accidente que es el MAS se nos presenta secuestrado por el oportunismo de los culturalistas-académicos, por los oportunistas típicos de los seudo-izquierdistas (PCB-PRP), por la burocracia neoliberal del gonismo; por algunos vivillos sindicaleros mafiosos, y por sus huestes fascistas autodenominadas movimientos sociales; todo esto en contra de los trabajadores, y del pueblo boliviano. Esto no debe ser un obstáculo en el momento actual para afrontar la lucha del presente en una fuerza conjunta de las organizaciones de los trabajadores.
Los trabajadores en su conjunto estamos conminados en el presente inmediato a comandar el proceso que los propios trabajadores habíamos no sólo encaminado en octubre de 2003, sino, desde nuestra revolución inconclusa de 1952 y la Asamblea Popular de 1971. Los trabajadores del país, tenemos la tarea de liberar a nuestros hermanos campesinos y originarios que están siendo sometidos a conservar su atraso, su ignorancia, a seguir viviendo como mendigos de navidad, bajo el discurso de la conservación de nuestras identidades culturales. Esto ha llegado al tope de la tragedia con el garrotazo de navidad. Los trabajadores unificados en un solo partido revolucionario debemos empoderarnos en asumir el control del Estado y de genuinamente transformar las tragedias económicas, sociales y naturales a las que nos va empujando el capitalismo en crisis.
Debemos reconocer autocríticamente todas las organizaciones que nos reclamamos de revolucionarios, que este proceso crítico y accidentado del MAS, es producto y reflejo de la inoperancia de los propios revolucionarios. Y reconocemos reiterativamente que si el capitalismo está aun de pie, y si el masismo está desgraciando al pueblo boliviano, es porque no hay el partido de la revolución social que lo supere en los hechos. Esta crisis del movimiento obrero a escala mundial es la tarea inmediata para estructurar, el partido unificado de los trabajadores a escala internacional., pues de lo contrario la derecha militar asumirá el poder como lo está haciendo en África, Asia y Medio Oriente.
Para la tarea que nos proyectamos de inmediato, la presente lucha debe ser comandada por la unificación de las fuerzas fabriles, del magisterio, de los trabajadores mineros de base, por las masas campesinas disidentes del MAS, y por todos los trabajadores movilizados. Todas estas fuerzas debemos unirnos en un frente revolucionario, que asuma la dirección de la COB y se convoque en el futuro inmediato a Congreso ordinario.
Este contexto nos debe hacer pensar a los trabajadores que desde la magnitud de los movilizados, hemos logrado romper con el discurso culturalista del MAS y sus académicos, y al mismo tiempo estamos proyectando la dualidad de poder entre el MAS y el Movimiento obrero organizado y movilizado. Esta pulseta dual, nos permite en un plazo corto, compactar nuestras fuerzas orgánicas para asumir el poder del Estado. El masismo es consciente de nuestras fuerzas, por tal razón nos plantea la guerra civil desde empujar a sus masas campesinas al enfrentamiento con los trabajadores. Los campesinos desde la enseñanza sindical y actividad orgánica que han aprendido desde el movimiento obrero, en su mayoría no se enfrentarán con sus hermanos naturales que somos los trabajadores. Y si el masismo desde su ignorancia decide enfrentar a los trabajadores con los campesinos, como lo han hecho en el pasado los militares, los días de Evo Morales están contados.
La unidad de los trabajadores, día que pasa se hace más nítida. Desde los sindicatos mineros del país, no se piense que hemos bajado los brazos. En ningún momento. Los trabajadores mineros somos por algo cabeza de los trabajadores, y estamos de pie hoy más que nunca junto a todos los sectores movilizados. Los trabajadores mineros hemos vuelto, y hemos vuelto con fuerza para poner orden a las canalladas masistas, y asumir no sólo la administración de los mega capitales mineros que generamos para las mega mineras, sino, que esta vez, estamos conscientes que debemos asumir el mandato del Estado en conjunción no sólo con todos los trabajadores, obreros y campesinos del país.
¡Muera el masismo oportunista y secuestrador de las organizaciones de los trabajadores!
¡Viva la clase obrera, campesinos y trabajadores del país unificados!
PARTIDO SOCIALISTA UNIFICADO DE LOS TRABAJADORES DE BOLIVIA (PSUTB)

ARGENTINA: ¡VAMOS CON EL FRENTE DE IZQUIERDA!

¡VAMOS CON EL FRENTE DE IZQUIERDA!
El Partido Obrero, el PTS e Izquierda Socialista se han puesto de acuerdo para presentar listas frentistas en las elecciones presidenciales de este año y en todas las elecciones distritales. El Frente de Izquierda y de los Trabajadores aspira a constituir un polo de independencia de clase y de delimitación política frente a los bloques capitalistas. En el marco de las disputas feroces en el oficialismo y dentro de los diferentes opositores oficiales, la izquierda recoge el mandato de los trabajadores que luchan para presentar un bloque único clasista y quebrar la proscripción electoral que entraña la llamada 'reforma política', la cual fue aprobada hace varios meses, pero aún no reglamentada.

Impugnamos a los llamados bloques centroizquierdistas, como Proyecto Sur (Solanas) y Encuentro Ciudadano (Sabbatella), que desvirtúan por completo el carácter antiimperialista y socialista que corresponde a la izquierda, y que constituyen furgones de cola de la burguesía, las patronales y el capitalismo.

La centroizquierda colectora del kirchnerismo corre detrás de los pagadores seriales de la deuda externa fraudulenta, de los adversarios del 82% móvil y el salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, así como de los regimentadores de los sindicatos. La centroizquierda de la oposición, aliada al capital sojero en el conflicto agrario, busca un frente precisamente con los agentes políticos de éstos -como Binner, Stolbizer, Luis Juez e incluso la UCR, como ya ocurre en Santa Fe.

El Frente de Izquierda se presenta como una referencia política para quienes luchan por la independencia de los sindicatos y la expulsión de la burocracia y sus patotas, así como por la independencia de todo el movimiento popular del capital y del Estado.

Presenta como programa de urgencia:

1. Un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar - 5.000 pesos.

2. El establecimiento inmediato del 82% móvil y las retroactividades correspondientes.

3. Por el reparto de las horas de trabajo disponibles entre el conjunto de los trabajadores y la formación profesional a cargo de las patronales, para poner fin a la desocupación.

4. Fin de la tercerización, ingreso a planta permanente, vigencia del convenio más favorable en todas las empresas.

5. No pago de la deuda externa.

6. Nacionalización, sin indemnización, de los bancos, el petróleo, la minería, las telecomunicaciones y el comercio exterior agrario.
7. Fuera la burocracia sindical de los ferrocarriles; por su nacionalización efectiva, bajo control y gestión de los trabajadores de todos los niveles.

8. Juicio y castigo a todos los culpables del crimen de Mariano Ferreyra (Ugofe, policía). Fuera la patota del ferrocarril.

9. Por una política internacional de apoyo a la rebelión popular, por la expulsión del imperialismo de todos los países, por la unidad socialista de América Latina, por el socialismo internacional.

10. Viva la revolución árabe; fuera la Otan de Libia; abajo la ocupación sionista de Palestina.

El Frente de Izquierda presenta listas en 19 de los 24 distritos electorales del país.

Convocamos a los trabajadores, a las corrientes de izquierda y a todos los luchadores a integrarse y sumar su apoyo al Frente, para que la clase obrera no sea "colectora de nadie", sino dueña de ella misma. Llamamos a los sectores progresistas a abandonar el proyecto seguidista de la centroizquierda y contribuir al desarrollo del Frente de Izquierda, el frente de los trabajadores.

Partido Obrero, Partido de los Trabajadores Socialistas, Izquierda Socialista

12 de abril de 2011

Bolivia: Política salarial del gobierno del MAS

Angel Zaballa Lazo

Salario es una categoría propia del sistema capitalista, por lo tanto presupone la plusvalía, es decir la explotación al productor directo que es el obrero asalariado.

Salario es el equivalente a los medios de vida que requiere consumir el trabajador y su familia para reproducir la mercancía fuerza de trabajo, reponer el desgaste físico y mental como resultado de participar en la producción de bienes y servicios que requiere la sociedad. Por ello se habla de un salario mínimo vital necesario para cubrir una canasta básica familiar que permita una vida de subsistencia y reproducción del orden social establecido.

En el caso de la realidad boliviana, existe no solo explotación, sino sobreexplotación, debido a que desde la aplicación del neoliberalismo, con la imposición del Decreto Supremo 21060, se ha aplicado el salario mínimo nacional, que nada tiene que ver con la canasta básica, sino con el programa monetario y la circulación de dinero en la economía. La definición del salario mínimo nacional responde al interés de la clase dominante en función de gobierno, que impone normas para beneficiar la explotación de los trabajadores y fomentar mayores ganancias de los explotadores.

Evidentemente, el neoliberalismo tiene un carácter monetarista que vela por el equilibrio macroeconómico, a través de la restricción de la circulación monetaria, lo cual no es malo, pero, tiene un carácter eminentemente técnico y sin ningún contenido social, esta vinculado con la vigencia del capitalismo salvaje que tantos problemas acarrea a nivel mundial su aplicación. Una herencia del 21060 es la vigencia del salario mínimo nacional que debería ser eliminado, como parte de la abrogación del 21060 que reclama el movimiento sindical boliviano.

El incremento salarial, que en realidad es una reposición salarial, tiene el mismo tratamiento que durante los gobiernos neoliberales, no se observa ningún cambio, por el contrario se trata de una persistencia en la lógica de implementación del neoliberalismo, con ministros que vienen además de la formación y acción del neoliberalismo, como el ministro de Economía y Finanzas Públicas, Luis Arce Catacora, entre otros del área económica.

El referido ministro se ufana de la existencia de superávit fiscal, elevadas reservas internacionales, pero no dice nada de la irresponsable deuda interna que esta comprometiendo el futuro de generaciones enteras de bolivianos. En efecto, justifica el incremento salarial que según él, es mas bien dadivoso y que no se puede revisar porque los recursos se tienen que destinar a inversiones. Las inversiones públicas se presupuestan pero se ejecutan muy poco, de tal forma que la justificación no es tal, sin embargo no dice nada de la deuda interna.

Indudablemente el representa intereses concretos que nada tiene que ver con el cambio propuesto por el presidente Evo Morales, e impulsa al Banco Central de Bolivia a proceder con el endeudamiento, a través de la emisión de valores públicos, ofreciendo tasas de rendimiento superior al existente en el sistema financiero y bancario nacional. Lo último que están haciendo y es motivo de alarde, es haber elevado los rendimientos de estos valores públicos del 2,3 %, al 4%, con el objeto de sacar dinero de circulación de unos 5.000 millones de bolivianos, y así evitar una escalada inflacionaria.

Es el Estado el que tiene que pagar estos rendimientos elevados que solo benefician a los especuladores financieros que cuentan con recursos captados del público, en tanto que lo que pagan los bancos y entidades financieras que captan recursos del público, pagan apenas entre el 0.01% y en el mejor de los casos un 1.5%(ME), éste pago es a los dueños del dinero, por lo que el BCB esta pagando rendimientos que solo beneficia al sector especulativo en desmedro del sector productivo que requiere una verdadera atención.

La explicación y justificación de aumentar la deuda pública interna, es siempre la misma de carácter estrictamente neoliberal. Señalan que es la única forma de controlar la inflación, porque se tiene que retirar el exceso de dinero que esta en la circulación y que esta identificado por las captaciones del sistema financiero.



En efecto, el sistema financiero y particularmente los bancos, tiene como actividad principal, la captación y colocación de los recursos del público, si bien tiene elevadas captaciones que alcanzan aproximadamente a los 9.000 millones de dólares, las colocaciones son inferiores debido a los elevados intereses que cobran por los créditos y por garantías que piden y que en última instancia hacen inviables los préstamos, por lo que los bancos tienen dinero que debe ser colocado de alguna manera y sin correr ningún riesgo y para ello esta la política monetaria del gobierno.

Mientras se regatea el supuesto incremento salarial, no se dice nada de esta irresponsable política de endeudamiento interno, los trabajadores reciben menos de lo que el gobierno les da como regalo a los sectores financieros especulativos e improductivos de la economía nacional.

Porque se dice que el gobierno les regala dinero, porque la justificación neoliberal de retirar dinero de circulación para frenar el proceso inflacionario no es tal, toda vez que en política monetaria el Banco Central tiene otros instrumentos como el Encaje Legal, para retirar dinero de circulación sin ningún costo para el Estado.

En efecto, es una potestad del Banco Central de Bolivia, imponer un encaje legal adecuado, toda vez que se trata de una garantía que deben depositar los bancos o todos los que captan dinero del público, como garantía del manejo del dinero del público, toda vez que en caso de quiebra, es el Banco Central el que tiene que devolver el dinero a sus dueños, a los que han depositado sus recursos.

El encaje legal no tenía ninguna remuneración, sin embargo los gobiernos neoliberales han impuesto un pago porcentual por el encaje, lo cual no es correcto, pero en todo caso es muy inferior al que se les paga por la compra de valores públicos al sector financiero.

Por lo tanto, se trata de elevar el encaje legal sin costo alguno para el Estado y de está forma se recoge dinero de circulación, sin incurrir en un endeudamiento totalmente irresponsable que compromete el futuro del país, que favorece al sector financiero especulativo, en desmedro no solo de los trabajadores del país, sino que compromete el futuro de todos los bolivianos que aún no han nacido.

Para hablar del salario es necesario tomar en cuenta la situación económica del país, que según el gobierno es solvente. Plantearse, sino una Estrategia de Desarrollo con visión de largo plazo, por lo menos un Plan de Desarrollo y Políticas sectoriales de fomento claramente definidas, además de la existencia de instituciones capaces de llevar adelante los objetivos trazados en el Plan, y eso es lo que esta faltando, después de mas de cinco años de gestión de gobierno. Pensamos que no se puede seguir con la improvisación y la administración del día a día, sin ver hacia donde vamos y que es lo que se debe encarar con responsabilidad sobre el futuro del país. No solo depende de la existencia de un Plan, todo depende de un equipo de gobierno que realmente este comprometido con la propuesta de cambio y garantice una adecuada gestión de gobierno, brinde resultados concretos y no dilaciones del que todavía se esta haciendo y no se hace nunca.



Catedrático Emerito de la UMSA

¿INFLACION DE SALARIOS, O INFLACION DE BENEFICIOS?

El proceso inflacionario es culpa de los socios –no patrones del MAS y su actual gobierno.
La inflación se entiende como un incremento sostenido del nivel general de precios de todos los productos y servicios o, de manera equivalente, disminución del poder de compra del dinero. Por ejemplo, si el nivel general de precios se duplica en un año, el poder de compra del dinero disminuye a la mitad: si en enero 2010 con 10 bolivianos se compraba dos kilos de azúcar, ahora con los mismos 10 bolivianos posiblemente compre apenas un kilo.
Pero además de comprender la inflación como la reducción radical del consumo en las familias, los trabajadores debemos realizar un análisis clasista del problema y preguntarnos: ¿Son causadas las inflaciones por el incremento de salarios o por el incremento de beneficios?
Adam Smith señaló en su obra “La riqueza de las naciones”:
Nuestros comerciantes y nuestros fabricantes se quejan de los efectos perniciosos de los salarios elevados. En tanto que se reflejan alzas de precios y, por lo tanto, disminuyen las ventas de sus bienes tanto en el país como en el extranjero. No dicen ni una palabra en cuanto a los perniciosos efectos de los beneficios elevados. Guardan silencio en lo que se refiere a los malignos efectos de sus propias ganancias. Se quejan solo de las ganancias de los demás.
Toda la historia del capitalismo mundial está plagada de datos de mediano y largo plazo, donde los beneficios empresariales siempre han crecido mucho más que los salarios nominales, jalonando de esta manera al incremento desproporcionado e inflacionario de los precios. Mucho más cuando el capitalismo entra en su fase terminal donde el complejo militar industrial juega un rol determinante en el rumbo general de la economía mundial.
Bolivia no escapa de esta misma tendencia porque es parte del sistema capitalista, y el Gobierno masista “del cambio” no ha hecho nada más que acentuarla. Según palabras del mismo Vicepresidente Lic. Álvaro García Linera, el 22 de enero de 2001 declaró al periódico El Deber, de Santa Cruz: “Se quejan del Gobierno, pero a ningún empresario de este país le está yendo mal, están ganando el doble o el triple y hacen negocios con el Gobierno.” Solo para citar algunos ejemplos, la empresa minera San Cristóbal, obtuvo utilidades de 100 millones de dólares en 2010. Los Bancos Privados el mismo año lograron 132 millones de dólares en utilidades y 144 millones el año 2009. Los trabajadores somos testigos del incremento de beneficios de las empresas privadas del aceite, azúcar y cemento, por la vía del crecimiento inflacionario de precios, gracias al control casi monopólico que tienen del mercado nacional.
Y decimos que el Gobierno del MAS ha mantenido esta tendencia de una mayor acumulación a favor del capitalismo, cuando según datos del INE, se establece que la participación de los salarios de los trabajadores en el Producto Interno Bruto (PIB) se redujo desde el 35 % en el año 1999, a 31 % el año 2005; esto es, a razón de un 1,9 % promedio anual negativo durante 6 años. El Gobierno del MAS lo hizo mucho más rápido y eficiente desde el punto de vista capitalista neoliberal, y en solo tres años (2006-2008) redujo la participación del salario en el PIB a un ritmo promedio anual negativo de 6,45 %, hasta llegar al 25 % (dato último al 2008). Es decir, que a pesar del crecimiento del PIB real (4.61 % promedio anual 2006-2009) jalonado principalmente por la explotación irracional e insostenible de nuestras materias primas (hidrocarburos y minerales) principalmente por empresas transnacionales, la torta generada por el trabajo humano se distribuye cada vez peor y en contra de los trabajadores (de un 35 % en 1999 a un 25 % en 2008) y por tanto, a favor de los socios – no patrones del gobierno masista. El momento paranoico de esta política pro empresarial capitalista constituyó el “gasolinerazo” de diciembre, justificado por la “necesidad” de hacer aún más rentable la explotación petrolera por las transnacionales en nuestro país.
Este es justamente uno de los aspectos que los trabajadores debemos tomar en cuenta cuando definimos el carácter de clase del Gobierno del MAS: pro capitalista y por tanto, anti obrero, por que encubre una inflación de beneficios capitalistas con el fantasma neoliberal de una supuesta “inflación por incremento salarial”.
La demagogia de la aritmética masista, y la pérdida del salario real
Y la demagogia masista llega a superar momentos de los anteriores gobiernos cuando se trata de combatir al movimiento obrero en referencia a la lucha por el incremento salarial 2011. Lo hace por medio de un panfleto lamentable elaborado por el flamante Ministerio de Comunicación (El diálogo es el mejor camino para avanzar, domingo 10 de abril, 2011), donde presenta un cuadro de “Relación salarial e inflación 2006-2011”, pretendiendo hacernos creer y sentir que en dicho periodo de gobierno “del cambio”, el incremento “neto” del salario es igual al 16 %, por efecto de una simple operación aritmética que consistiría en restar, del incremento salarial acumulado 2006-2011 del 55 %, la inflación acumulada del 39 %. Este procedimiento inaceptable desde el punto de vista técnico, es utilizado por el MAS para acusar que los trabajadores no tenemos “razones de ningún tipo” para pedir un incremento salarial acorde al incremento del precio de la canasta básica familiar
Con estos mismos datos y aplicando el procedimiento correcto que define la inflación como la pérdida porcentual del poder adquisitivo del dinero, resulta que la gestión salarial del MAS en el Gobierno ha generado una pérdida de la capacidad de compra del salario - en términos reales - del 5,45 % entre 2006 a 2011 ¡¡¡. Gracias a esta política y fuera de cualquier cálculo matemático adicional, la realidad concreta es que los trabajadores ahora y como siempre, tenemos que reproducir nuestra fuerza laboral con cada vez menos alimentos, mientras al mismo tiempo se incrementa a tasas de crecimiento “chinas” los beneficios de los empresarios, socios del MAS.
Por todo ello, es totalmente justa la demanda salarial de un incremento por lo menos del 25 a 30 %, para que - por algún momento - el crecimiento del valor real del salario se equipare al crecimiento de la torta del PIB a favor de los empresarios. Y por eso también, afirmamos que un incremento de un 10 a 15 % es miserable.
La lucha salarial es una parte del proceso de acumulación de fuerzas de los trabajadores
Sin embargo, debe quedar claramente entendido que los trabajadores somos conscientes de las limitaciones de lucha salarial para lograr la liberación nacional y la explotación de los trabajadores por el capitalismo y sus aliados en el Gobierno masista, y por eso, no vamos a rebajar nuestros objetivos de la toma del poder por los trabajadores obreros y campesinos al regateo miserable de unos porcentajes de más o menos de un salario que alivie nuestra actual condición de explotación. Está en la esencia del capitalismo que a mayor productividad y explotación del trabajo, más miserables serán las condiciones de remuneración salarial y las condiciones de vida de todos los trabajadores formales e informales, urbanos y rurales, a expensas de las mayores utilidades y el enriquecimiento de las empresas transnacionales y nacionales.
Debe continuar la lucha por la construcción de un sindicalismo de clase, independiente de los dirigentes corruptos y cooptados por el MAS; y por un partido revolucionario de la clase obrera que encause las luchas de los trabajadores hacia la toma del poder por ellos mismos.

TRABAJADORES ASALARIADOS EN BOLIVIA ¿EXIGUA MINORIA?

Enrique Ormachea1

Según cifras oficiales, un 60% de los y las trabajadores en las ciudades del país son asalariados directos y encubiertos –vía subcontratación– lo que supera la versión interesada del Gobierno de reducir este peso a un simple 15%. Situación similar ocurre en el campo, donde el predominio de las relaciones capitalistas de producción muestra que el asalariamiento ha ido creciendo en estos últimos años.

A raíz de las demandas salariales de los trabajadores del país y de sus masivas movilizaciones en rechazo al incremento salarial del 10% decretado por el Gobierno, diversos funcionarios estatales y militantes del MAS han emprendido una campaña –ante la inocultable política salarial oficialista de protección de la ganancia capitalista en desmedro de los salarios de los trabajadores– orientada a señalar que los asalariados en Bolivia son una exigua minoría y que, además, por el sólo hecho de vender su fuerza de trabajo y recibir un salario por la subasta de esta mercancía, son, nada menos, que unos privilegiados.

Evidentemente, en un país atrasado y de economía combinada como Bolivia, las cifras no pueden mostrar un país donde se hayan expandido plenamente las relaciones capitalistas de producción y donde, por tanto, la presencia de los trabajadores asalariados en el conjunto de la fuerza de trabajo sea ampliamente mayoritaria. Sin embargo, es muy común aún encontrar posiciones que le atribuyen un peso extraordinario a las formas precapitalistas de producción –sobre todo en el campo– hecho que no permite aquilatar la verdadera magnitud del trabajo asalariado en el país.

Las cifras no mienten

Si bien el debate sobre la relevancia del trabajo asalariado –y fundamentalmente el de la clase obrera– debe ser abarcado desde el punto de vista de su relevancia cualitativa en la economía, el manejo demagógico de las cifras por parte de los portavoces del oficialismo con relación a su relevancia numérica, merece también su tratamiento desde esta perspectiva.

Las estadísticas oficiales contradicen las constantes aseveraciones de los portavoces del oficialismo que, a medida que avanza el conflicto, van reduciendo paulatinamente el porcentaje de los trabajadores asalariados del país. A inicios del conflicto afirmaban que representaban únicamente el 20% del total de ocupados del país; ahora resulta que, por arte de magia, este porcentaje se habría reducido estos últimos días al 15%.

Hacia 2007 (último año que publica información el INE), los trabajadores asalariados representaban el 37,3% del total de ocupados del país, porcentaje que, en el caso del área urbana, asciende a 54,4%. Si a este porcentaje se suma aquel que corresponde al asalariamiento encubierto, es decir, a la proporción de trabajadores aparentemente independientes, pero que en realidad son trabajadores subcontratados –que llega al 5,6% de los ocupados– el trabajo asalariado en el ámbito urbano representa prácticamente al 60% del total de los ocupados de las ciudades del país.

Subestimación en el área rural

Como se sabe, las encuestas de hogares del INE, que son aplicadas en un periodo determinado del año, no logran captar, en su verdadera dimensión, la magnitud del empleo asalariado en las actividades agropecuarias y forestales, que se caracterizan por su temporalidad. De allí que las estadísticas oficiales subestiman el trabajo asalariado en el campo, pues, por ejemplo, según los datos del INE, el trabajo asalariado en las áreas rurales en 2007 representaba solamente el 14,3% del total de ocupados.

Sin embargo, como varios estudios lo han venido demostrando, el trabajo asalariado –sobre todo de carácter temporal– se ha expandido en la agricultura, la ganadería y las actividades forestales maderables y no maderables (como la castaña) en el oriente y en el norte del país, a cargo de medianas y grandes empresas que requieren de fuerza de trabajo asalariada para las diferentes fases culturales.

En la actualidad, el trabajo asalariado en el campo se está desarrollando en las antiguas zonas de colonización de Santa Cruz y en las nuevas zonas de expansión de la agricultura cruceña a partir de la masiva presencia de pequeños capitalistas de extracción campesina del altiplano y los valles articulados a los cultivos industriales como la soya, sorgo, sésamo, maíz duro, caña, arroz, etc. Estos pequeños capitalistas –de igual manera que los medianos y grandes– se caracterizan por haber incorporado un importante proceso de maquinización en las diferentes fases culturales y por contratar tanto peones y jornaleros manuales como obreros operadores de maquinaria.

Asimismo, el trabajo asalariado en el campo también se ha incrementado en las antiguas zonas de colonización de las tierras bajas de La Paz y Cochabamba, donde los colonizadores producen arroz, café, coca, entre otros cultivos propios de estas zonas, con el concurso de jornaleros y peones asalariados. En zonas específicas de los valles y del altiplano, la contratación de peones y jornaleros para determinados cultivos y actividades ganaderas es ya moneda corriente. El altiplano sur, que se está especializando en el cultivo de quinua para la exportación, es uno de los ejemplos más importantes acerca del desarrollo del trabajo asalariado en la agricultura andina.

Una parte de los obreros del campo están conformados por quienes ya no tienen propiedad sobre la tierra, es decir, por proletarios. Otra parte, por una gran masa de semiproletarios, es decir, población campesina que ya no figura en el mercado fundamentalmente como vendedora de bienes de subsistencia, sino como vendedora temporal de fuerza de trabajo, por lo que la persistencia o inclusive aumento de pequeñas propiedades “campesinas” implican sólo una forma particular del aumento de familias semiproletarias. Un dato que refleja esta tendencia es que el 45% de los ingresos familiares en la áreas rurales del país proviene de actividades extraprediales y, entre éstos, son relevantes los que se generan por la venta estacional de fuerza de trabajo2.

Por otra parte, si se toma en cuenta que el 82,3% de la producción agrícola del país se concentra en cultivos industriales que mayoritariamente son producidos bajo relaciones capitalistas de producción y se asume que el resto de los cultivos (frutales, hortalizas, tubérculos y forrajes) son producidos fundamentalmente por unidades productivas campesinas que no incorporan trabajo asalariado, lo que se constata es que los obreros agrícolas del país son los que producen la mayor parte de los productos agrícolas del país y no, como se cree, los campesinos, que, a pesar de su gran número, ya no son los principales productores directos en la agricultura.

Por ello, la importancia de la clase obrera en la economía del país –y, por tanto, en la política– es inconmensurablemente mayor que su peso en el total de la población.

NOTAS

1. Sociólogo, investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA).

2. Jimenez, Wilson et al Ingresos y desigualdad en el área rural de Bolivia. la Paz. UDAPE. 2003.

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