6 de enero de 2010

EL DISCURSO DE LA “COSMOVISIÓN ANDINA” UNA LECTURA MARXISTA DEL “MUNDO ANDINO”




En los últimos años hemos visto una proliferación de artículos, textos, seminarios acerca de la “cosmovisión andina” e incluso cursos de post grado acerca de interculturalidad y pensamiento andino auspiciados por el Gobierno actual, Universidades y ONGs.

La cosmovisión andina tiene una comprensión de la realidad como una totalidad natural gobernada por el principio de la complementación de opuestos. La realidad bajo esta visión es un mundo en equilibrio, donde coexisten en una relación armoniosa el entorno natural, social y el mundo sagrado de las huacas.
Esta manera de pensar y sentir la realidad, como toda construcción ideológica esta marcada por falsedades, medias verdades y mistificaciones. Precisamente es una construcción ideológica porque antes que aproximarnos a comprender la verdadera esencia del mundo o lo que esta sucediendo en la vida real, la oculta y nos retrotrae, es decir, nos devuelve hacia épocas pretéritas donde el hombre explicaba la realidad a partir de mitos, leyendas y cuentos o a partir de leyes inmanentes al mundo natural como en el siglo XVII. De manera muy resumida podemos mencionar algunas de estas ideas que difunden los divulgadores del “mundo andino”, los mismos que de entrada subrayan la pureza de su “cosmovisión”. En primer lugar, esta visión no es “pura creación” andina, tampoco es una recopilación pura de lo que decían los amautas antiguos; es más bien una creación ecléctica contemporánea, que incluye además de elementos andinos, componentes modernos, propios de una lógica burguesa de razonar, para ser más precisos; cuyo origen es posible rastrear en la segunda mitad del siglo XX; el “pensamiento andino” es ante todo el resultado de la elucubración de los antropólogos y filósofos de la cultura. En su discurso es muy evidente su énfasis en defenestrar los sustentos de la actividad científica y filosófica universal para reducirlo a un simplismo que denominan: “pensamiento occidental”. La dicotomía simple que repiten sin cesar los adeptos del “pensamiento andino” se expresa así:

Mundo andino Mundo occidental
Mundo en equilibrio Desigualdad social
Valores comunitarios Valores materiales, afán de riqueza
Respeto a la madre naturaleza Dominio de la naturaleza
Vida Comunitaria Individualismo
Lógica andina Lógica occidental,
Ciencia Andina Ciencia Occidental

Este es un punto de vista demasiado simple, una idea abstracta, básica, equívoca de la realidad. Ejemplo: La idea del “mundo andino” como un mundo en equilibrio donde se desarrollan y se desarrollaron sociedades homogéneas, donde imperó la reciprocidad horizontal, hasta la llegada de los españoles es una de ellas. Tal idea, contrasta con la verdadera realidad social de los pueblos andinos. Investigaciones recientes que dicen que las sociedades pre coloniales andinas, no eran sociedades homogéneas, la incaica, por ejemplo, era una sociedad escindida y marcada por los antagonismos sociales; una sociedad que generó un excedente económico y que dio lugar a una división del trabajo, consecuentemente a una división en clases sociales a cuya cabeza se hallaba el Inca y, por supuesto a la emergencia del Estado. Una sociedad que conocía de luchas en torno de intereses materiales, basta mencionar el advenimiento del incario marcado por la sangrienta lucha entre chancas e incas o la pugna sangrienta por el poder del Estado y el control del excedente generado por el trabajo comunario de la tierra entre Huascar y Atahuallpa.

Otra inexactitud: La cosmovisión andina hace el centro de su “crítica” a la “lógica occidental” o al “racionalismo occidental” y hace apología, (a pesar de constituir supuestamente un discurso ajeno a todo posible antropocentrismo) del “hombre andino” y su esencia cósmica. Para empezar, la lógica occidental es una idea abstracta, bajo este criterio simple se reduce el pensamiento universal a un único lugar de origen el occidente; siendo que la expresión cultural superior más notoria del mundo occidental: la filosofía griega, de ninguna manera es “pura creación” occidental, mucho menos se reduce al pensamiento limitado que supone la lógica formal aristotélica o el racionalismo cartesiano.

En la cosmovisión andina, no sólo la razón y los principios lógicos y científicos universales son tirados por la borda, sino que se exalta elementos místico irracionales como fuente del conocimiento “directo” o inmediato de la realidad por el tan mentado “hombre andino”. La objetividad, la causalidad, la distinción entre esencia y apariencia, etc. etc. sustentos de la actividad científica y filosófica son defenestrados y en su lugar aparecen una exaltación de elementos irracionales y místicos como los principios de una supuesta “nueva lógica y una nueva episteme”.

El texto que hoy ponemos a consideración del lector aborda estas cuestiones esenciales para el conocimiento de la realidad: en primer lugar una comprensión del ser de la realidad y luego, hablando en términos epistemológicos, la estructura del pensamiento andino. y el punto de partida del “saber andino”. Por tanto, lo que esta en juego aquí es aclarar algo que a todas luces parece evidente; algo que la “academia” burguesa del “mundo andino” calla y socapa: esta “cosmovisión” hace algún aporte al conocimiento de la realidad o por el contrario nos lleva a su desconocimiento y mistificación.
Todas las civilizaciones antiguas tenían una concepción o explicación del mundo; algunas como la griega desarrollaron además una lógica y una teoría del conocimiento; lo que la constituyo fue la capacidad de abstracción humana, para ser más precisos, la capacidad de abstracción científica de genios como Aristóteles o Heraclito fue la que inauguro una comprensión racional del mundo. La lógica formal aristotélica se interesa ante todo por la coherencia de las ideas que el hombre desarrollaba acerca de la realidad; su origen desde luego es la realidad objetiva. La necesidad del hombre de distinguir lo Verdadero de lo Falso o el blanco del negro es parte de esta lógica, la misma que sirve para explicar fenómenos simples de la realidad marcados por el estatismo o el aislamiento; pero no nos sirve para comprender fenómenos mucho más complejos marcados por el dinamismo de la realidad; una realidad marcada por procesos, donde el cambio de cualidad o la existencia de contradicciones antagónicas como motor del cambio constituyen una realidad innegable en los distintos ámbitos de la realidad. Esta manera de ver la realidad, es lo que se conoce como pensamiento dialéctico, una lógica que surge de una manera de ser de la realidad objetiva; una realidad donde nada permanece todo es y no es, donde lo único eterno es el devenir, un devenir perenne fruto de contradicciones internas, como bien sentenció Heráclito. Esta dialéctica de la vida se expresa en unidad y lucha de contrarios y cambio constante, en todas las regiones de la realidad (en la sociedad, es una realidad objetiva innegable, lejos de constituir la sociedad el reino de la armonía y el equilibrio, como dicen los apologistas del “mundo andino”, es, por el contrario, el ámbito del conflicto y de las luchas de clase, cuyo origen, en última instancia, deviene de los intereses materiales de los hombres). .
Esta manera de ver la realidad permitió distinguir dos lógicas, una formal aristotélica y otra dialéctica, inaugurada por Heráclito en la Grecia antigua, recuperada posteriormente por Hegel, aunque todavía bajo una impronta idealista objetiva hasta que llego Marx y desarrolla una dialéctica materialista. Una dialéctica que aparece en acción en toda su monumental obra, principalmente en El Capital, su obra más teórica. .
¿Qué es la dialéctica materialista?
Según Bertell Ollman la dialéctica es una manera de pensar el mundo que tiene su origen en las acciones e interacciones que tienen lugar en la realidad. El pensamiento dialéctico parte en la explicación de la realidad de las interacciones que tienen lugar en la realidad objetiva. Para el marxismo, el punto de partida del conocimiento de la realidad, tiene en última instancia, su origen en las interacciones en la vida económica. La realidad puede ser comprendida racionalmente, la esencia de la vida no se halla en el trasmundo sino en este mundo, el fenómeno encubre su verdadera esencia y descubrir esta esencia es la tarea del pensamiento filosófico y científico.

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