17 de febrero de 2016

EL VOTO POR EL NO EN EL ANALISIS CONCRETO DE UNA SITUACION CONCRETA

Por: Argo Bacherer Atravesamos un largo periodo de crisis estructural del sistema capitalista mundial, y una de sus principales manifestaciones coyunturales es la caída sostenida de los precios internacionales de materias primas que a su vez ha impactado de lleno a los ingresos de las economías del capitalismo atrasado, caso de Bolivia desde el año 2015 y para quedarse por largos años. A los gurús del capitalismo mundial se le ha acabado prácticamente todas las herramientas de recuperación capitalista conocidas, salvo una que es la guerra total en dos frentes: continuar con las guerras de pillaje internacional por la apropiación de las fuentes de materias primas estratégicas como el gas, petróleo, y minerales estratégicos; y continuar la guerra civil interna contra los trabajadores a escala mundial para hacernos pagar el costo del ajuste capitalista. En el marco del primer frente de confrontación, se intensifican las contradicciones inter imperialistas que se expresa por el posicionamiento de China, Rusia e India en diferentes escenarios, y concretamente en Bolivia con la anexión financiera por parte de China mediante el “otorgamiento” de créditos “blandos” condicionados a que las inversiones sean ejecutadas por empresas transnacionales chinas . Los mecanismos de gestión de las empresas chinas en el mundo, y también en Bolivia ya constituyen y en el futuro será tema de disputas entre los trabajadores, el estado contratista corrupto y las empresas ejecutoras chinas, también corruptas. En Bolivia, el impacto directo de la crisis económica y social en curso se ha expresado en lo político por un movimiento inicialmente desafiante y ahora desesperado del gobierno masista en sentido de impulsar desde la cúpula burocrática del gobierno y las dirigencias cooptadas de sus propios “movimientos sociales” –cada vez más lejos de las bases que van optando por otro rumbo- hacia la convocatoria de un referéndum para la modificación del Art. 168 de la CPE que permita la cuarta elección consecutivaa dos caudillos en franco proceso de derrumbe político y moral (más bien, de esclarecimiento): Evo Morales Ayma y su “cara conocida” por una parte y Álvaro Garcia Linera por otra parte. Para ello, el mazismo no dudó un segundo en pasarse por el rabo toda la normativa constitucional burguesa existente, incluyendo al vergonzante Tribunal Supremo Electoral y a los “becarios chinos” del Tribunal Constitucional Plurinacional, convertidos en mandarines de la voluntad masista. Pero, considerar lo anteriormente mencionado como algo suficientemente abarcador para explicar la coyuntura pre referéndum y de ello definir opciones NO o NULO o BLANCO, sería un simplismo si no tomamos en cuenta el carácter del gobierno masista y las relaciones contradictorias entre las principales fuerzas sociales en esta coyuntura. El Partido de los Trabajadores caracteriza el gobierno masista como un gobierno de tipo bonapartista en el ámbito de la sociedad boliviana. Es un gobierno que mediante el copamiento de prácticamente todos los ámbitos de la estructura de gestión del Estado, pretende constituirse en un árbitro de la lucha de clases entre explotadores y explotados; como un “árbitro bombero” a favor del capitalismo en todos los ámbitos de esta lucha de clases, como corresponde a un buen gobierno bonapartista. Los métodos de gestión de este bonapartismo masista han sido analizados en varios números de nuestro periódico REBELION, y en lo que respecta a los trabajadores, va desde la destrucción y estatización de los sindicatos no exentos de procesos de corrupción ampliamente conocidos, hasta la judicialización y encarcelamiento de la protesta y la utilización de la violencia policiaca con los luchadores sociales más radicales. Y con los explotadores nacionales e internacionales, mano larga y generosa, se trata de rifar las riquezas del país a cualquiera que a su vez le garantice su apoyo circunstancial. Desde la lectura de los ideólogos masistas, se trata de una estrategia de consolidación de su bloque histórico como sistema hegemónico, y la autoconvocatoria al referéndum del 21 de febrero forma parte substancial de este proceso. Y en el marco de esta estrategia masista de pretender consolidar por varios años más del -llamemos ahora- bonapartismo de la década dorada es fundamental también la consolidación de la figura del caudillo insustituible del bonapartismo: Evo Morales Ayma y todo lo que el ahora representa. Por ello, como nunca antes, para este referéndum el MAS ha pasado a enfocar la definición del Si o No como la aceptación o rechazo al caudillo , y el caudillo a su vez como nunca se ha lanzado a presentaciones en los medios de comunicación –todos claramente prefabricados, sin ningún debate- , y en el que los “periodistas” de turno hacen el rol de portavoces del caudillo. Y como nunca y con mayor incidencia, el aparto geobeliano de propaganda estatal presenta al Caudillo bonapartista como el jefazo insustituible, el “Cristo resucitado”, y otras estupideces que forman parte del sistema garcia-linerista del culto a la personalidad. Totalmente ahistórico y reaccionario, pero que resume la substancia también reaccionaria de la filosofía del gobierno masista. Si éste gobierno es el mejor representante de la burguesía nacional, ¿qué razón tendría la vieja derecha oligárquica en oponerse al gobierno de Evo Morales? ¿Por qué podría interesarles otro gobierno que no sea el bonapartismo masista?. El MAS tiene garantizado el poder hasta el 2019 porque contractualmente así está definido desde las últimas elecciones presidenciales, y para ello, cuenta con todo el respaldo del capitalismo nacional y extranjero, el mismo que lo ha respaldado desde su ascenso al poder . Pero también hay otras fracciones de esa derecha, incluyendo los pretendidos re-conductores del proceso de cambio, los constitucionalistas que creen que el rescate del proceso de cambio se basa en el cumplimiento de los “postulados socialistas” (¡?) de la CPE, que están realizando el plan B de la derecha: reposicionarse políticamente desde el NO para legitimarse ante los trabajadores con miras a su posible postulación en las próximas elecciones para el período 2020-2025, rearticulandose como una “alternativa democrática” ante los abusos de la forma de gobierno bonapartista del MAS. Es por ello, justamente que al interior de las movilizaciones populares en la campaña por el NO, se generan intensas disputas de la izquierda contra los activistas colados de la derecha que tratan de focalizar el voto por el NO en un voto en “defensa de la democracia”, en “defensa de la CPE” y otras generalidades de contenido de clase burgueses. Las fuerzas sociales no son necesariamente unánimes en sus posiciones coyunturales, y la derecha no es la excepción. La derecha oligárquica necesita después del 21 de febrero 2015 un gobierno masista triunfante con el SI, mas bonapartista que nunca, potenciado con un triunfo que le permita encarar la crisis capitalista por medio del ajuste más brutal contra el trabajo, contra sus organizaciones políticas y sindicales y contra los luchadores radicales; pero esto, no excluye que vean con buenos ojos un gobierno post masista desde el 2020. Siempre es bueno para el capital una vez concluido el ciclo pseudosocialista que logro contener las luchas sociales dentro del capitalismo “andino amazónico” o “socialista comunitario”, que regrese el dueño del circo, porque se terminó el turno de su payaso. Llueven ejemplos recientes en nuestro continente. Es decir, que gane el SI y se repostule la dupla de cuadillaje masista no garantiza su triunfo en las próximas elecciones, por una razón fundamental, y es que el derrumbe económico en perspectiva se traducirá en una crisis política. Ante un triunfo del NO, de igual manera las tareas pendientes en el ajuste de la crisis obligaran al MAS a abrirse totalmente a la derecha oligárquica. Y para el 2019 va a necesitar dos candidatos nuevos y para ello, meter más a la derecha en el gobierno, ahí culmina el ciclo de derivación derechista del MAS. ¿Más todavía? Si, más todavía. Todo para mantenerse en el poder. En cambio la izquierda revolucionaria y el PT no tienen tantas opciones. Para el desarrollo del movimiento obrero y la propuesta del PT también vale la ley de desarrollo desigual y combinado. El triunfo del NO, no cambiara ni la base material ni la superestructura de nuestra formación económica desde una perspectiva revolucionaria, eso no está en juego en esta coyuntura. ¿Significa que entonces no debemos pronunciarnos desde una perspectiva también revolucionaria? En lo esencial, y justamente por la forma en que el MAS necesitó poner “toda la carne en el churrasquero bonapartista” , el triunfo del NO representaría el inicio del derrumbe de la dupla de caudillos al interior del MAS, donde debido a la interminable historia de favoritismos y actos de traición y corrupción, las cuentas por cobrar entre ellos no tiene más tiempo de prórroga. Actualmente, el disciplinamiento y verticalidad que ajusta al movimiento sindical es implacable. Necesitamos el triunfo del NO porque desde nuestra perspectiva y producto de ello, el derrumbe al interior del MAS barrerá también con las direcciones sindicales actualmente cooptadas, se abrirá en el corto plazo la posibilidad de reconstruir las organizaciones sindicales desde las bases en una actitud y moral más determinadas, y los trabajadores ante el desarrollo acelerado de la crisis económica en perspectiva, marche aunque a paso comparativamente más rezagado, hacia la superación del reformismo pseudo anticapitalista – antiimperialista del MAS. En una situación de triunfo del NO, tendremos un gobierno totalmente decantado a favor de la derecha que ahora (una fracción de ella) esta circunstancialmente jugando a “demócrata” también desde el NO, un desbande de oportunistas desde el MAS y las posibilidades de luchas más frontales por la reconquista de las organizaciones sociales y sindicales y por la consolidación de la propuesta del Partido de los Trabajadores. Por tanto, a la izquierda revolucionaria no puede darle lo mismo si gana el Si o si gana el NO en la perspectiva inmediata de derrotar al gobierno burgués (una vez más en las urnas, por ahora). Significa estar presente en todas las formas de lucha, desde una única posición, la revolucionaria, con sus propias consignas y en confrontación directa con la derecha desesperada de reciclarse desde los trabajadores. No es cierto que el voto NULO o BLANCO sea una forma de abstención política. Al contrario, el voto Nulo o Blanco representa una concreta actitud política a favor del SI, por lo siguiente: el equilibrio de fuerzas por el SI y por el NO están en posible punto de equilibrio y donde el que gane necesita obtener solo la mayoría simple. En este escenario, una izquierda que propugne el voto en Blanco o Nulo, está directamente restándole votos al NO, al núcleo de la izquierda radical y está apoyando por acción y omisión al triunfo del SI, es decir está apoyando a la consolidación del estado bonapartista por medio del triunfo de la estrategia hegemónica de su bloque histórico, con todas las consecuencias sociales políticas que ello representa. Este será el resultado del voto NULO BLANCO si es que gana el SI. No es una simple relación aritmética de votos, se trata de las consecuencias políticas de esa opción. El voto NULO o BLANCO comete el error de identificar el NO con la derecha sin distinciones, racionalizando con la misma lógica masista que, para tratar de “diferenciarse” donde ya no hay posibilidades de MAS camaleonismo, reinventa a sus opositores históricos de la derecha como son los masacradores del gonismo (pero se cuida de no incluir a las adenistas y novimientistas históricos que con los que están gobernando) para justificar su fechorías de ahora. En la historia no es la primera vez que posiciones ideológicas totalmente divergentes coinciden temporalmente en un objetivo común, pero cada uno, como ya se ha explicado, con sus propios objetivos de clase. La afirmación que “la dictadura no es de Evo, la dictadura es de una clase sobre otra, con Evo o sin él” es equivocada, porque no toma en cuenta que coyunturalmente vimos en un estado de características bonapartista, y que éste Estado necesita de un caudillo irreemplazable, absoluto, infalible, iluminado, reserva moral, resucitado…. Por eso, la lucha contra el estado burgués en su forma bonapartista de hoy, implica también la lucha contra su dios de barro, contra su caudillo, ahora irremplazable también en los esquemas de corrupción, y que ha puesto su propia cabeza en juego este 21 de febrero. Ante ello, ¿lo apoyamos con el SI, el Nulo o Blanco o lo ayudamos a que se caigade podrido con el NO?. El voto Blanco o Nulo es por ello funcional al MAS, junto a la tradicional postura filo-morenista de LOR-CI, que entre otras jugarretas propias de esta organización, primero coopta al secretario ejecutivo del PT Mario Martinez en su disputa burocrática, y logrado el objetivo de convertirlo en “su militante”, enseguida lo congela en la total inacción, también funcional a los intereses del masismo. Esto significa sabotear al desarrollo del Partido de los Trabajadores desde adentro, a esto se llama traición a los principios revolucionarios. Aprovechamos la campaña por el NO para continuar posicionando la propuesta programática del PT, por la expropiación de los expropiadores, por la destrucción del estado burgués, por la instauración de la dictadura del proletariado, por la lucha ideológica contra todas las formas de opresión social y espiritual que enajena y prostituye al ser humano. VIVA EL PARTIDO DE LOS TRABAJADORES VOTA POR EL NO, HACIA EL DERRUMBE DEL ESTADO BONAPARTISTA EN CRISIS

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