26 de noviembre de 2008

El POR se ha transformado en secta nacionalista

por Juan Pablo Bacherer




"La premisa necesaria de los éxitos revolucionarios
es la depuración de la IVª Internacional del
sectarismo y de los sectarios incorregibles"

León Trotsky



Introducción

Es muy común escuchar que el POR es una secta. Por eso parecería no entrañar ninguna novedad la caracterización que hemos elaborado. Lo que ocurre es que, como en muchos casos, los términos pueden tener diferente significación, de acuerdo al método que se utilice para elaborar un determinado concepto. Desde el punto de vista científico, marxista, el concepto de secta es completamente diferente al que tienen el liberalismo burgués, el reformismo o el hombre común.

Cuando dicen que el POR es una secta se refieren, normalmente, a la supuesta consecuencia y firmeza con referencia a los principios que postula. También, al hecho de que durante décadas repite lo mismo, casi sin ninguna variación en las diferentes circunstancias. Ciertamente que el concepto marxista de secta, si bien puede tener algunos rasgos secundarios comunes con éstos, en su esencia es cualitativamente diferente, como podrá comprobarse luego de la lectura de este folleto.

Un esbozo de este folleto fue presentado como documento de discusión a la Conferencia Nacional de la Oposición Trotskista y fue la base de la discusión sobre el proceso degenerativo del POR. Es por ello que todo el texto está numerado y mantenemos esa forma en esta elaboración final.

El propio autor hizo notar que ese documento era incompleto, no sólo por la falta de tiempo para concluir su elaboración, sino porque la discusión de la conferencia debía aportar aún más elementos para profundizar en el tema.

La discusión fue fructífera, logró que el autor y la Oposición Trotskista en su conjunto profundicen aún más en su análisis de un fenómeno tan importante para la lucha de la clase obrera y de las masas oprimidas en Bolivia. Destaco la participación, en ese debate, de los compañeros Jorge Altamira y Osvaldo Coggiola del Partido Obrero de la Argentina, con quienes, si bien no coincidimos en todos los aspectos y en todos sus detalles en el análisis, nos unen las grandes líneas de las conclusiones de la Conferencia.

Sin embargo, hay que advertir que sus conclusiones pertenecen exclusivamente al autor de este folleto, no comprometen necesariamente la opinión de quienes participaron en el debate. La Oposición Trotskista y su Conferencia Nacional ya han sacado sus propias conclusiones, que han sido publicadas en esta misma revista teórica.



I. Clase ‘en sí’ y clase ‘para sí’

1) El proletariado es una clase social porque es un grupo social que ocupa un determinado lugar en el proceso productivo, es desposeído de los medios de producción y tiene que vender su fuerza de trabajo, que es mercancía, para participar en el proceso productivo. La burguesía, que constituye su polo opuesto, es tal porque es propietaria de los medios de producción, y en su condición de tal participa en el proceso productivo.

La condición de existencia del proletariado es la burguesía y a la inversa; sin embargo, es la burguesía la clase dominante, porque es ella la que tiene en sus manos el control del poder económico, y a partir de él, de los resortes fundamentales de la sociedad capitalista, particularmente la ideología y la maquinaria del Estado.



2) En el capitalismo, burguesía y proletariado son las clases sociales que encarnan socialmente la contradicción fundamental, aquella que se da entre las fuerzas productivas que se han socializado y colectivizado a un punto extremo, y las relaciones sociales de producción que se expresan jurídicamente como la vigencia irrestricta de la gran propiedad privada.

La lucha de clases no nace, pues, del aire o de determinadas concepciones ideológicas que tuviesen los hombres, sino de ese choque objetivo que se da en la base misma de la sociedad. Esa lucha de intereses contrapuestos y antagónicos se proyecta, claro está, a los diversos planos de la actividad social, incluido el teórico-político.



3) El proletariado es, pues, la encarnación de la "no propiedad", es la expresión social de la colectivización de las fuerzas productivas. Sin embargo es, al mismo tiempo, propietario privado de su fuerza de trabajo; es a partir de ello que sus intereses individuales lo separan de los otros proletarios y se enfrentan en la competencia por el trabajo y el salario.

La burguesía, por el contrario, es la encarnación social de la propiedad privada, pero, al mismo tiempo, es la que, a través de su actividad objetiva en el proceso productivo, coloca las condiciones materiales que ha determinado la colectivización del proceso productivo.



4) La clase obrera primero existe, es una ‘clase en sí’, resultado inevitable del desarrollo del capitalismo en un determinado país, aunque, al ser encarnación de la producción colectivizada, tiene instinto comunista. El lugar que ocupa en el proceso productivo está en la base de ese instinto, que lo conduce irresistiblemente al cuestionamiento de la propiedad privada, de múltiples maneras. Y ese instinto tiende a trocarse en conciencia, y cuando ésta surge, estamos en presencia de una verdadera clase obrera, no sólo con instinto, sino con conciencia de clase.

Sin embargo, la estructuración de la clase obrera como ‘clase para sí’ es compleja y contradictoria, sigue todo un proceso que abarca una época histórica. En el caso de la clase obrera europea, particularmente la inglesa, por ejemplo, siguió un camino que se lo puede tipificar como ‘normal’.

Inicialmente, las luchas proletarias instintivas se centraron en la destrucción de las máquinas, que eran las causantes de la agudización de la explotación, porque provocaron desocupación masiva, disminución de los salarios y la intensificación del trabajo.

Posteriormente, y como consecuencia de la acumulación de su experiencia en la lucha, la clase obrera llegó al convencimiento de que no es contra la máquina que debía luchar sino que había que organizarse en asociaciones obreras para resistir la explotación del capital. "Fueron necesarios mucho tiempo y mucha experiencia para que los obreros llegasen a distinguir entre las máquinas en sí y el empleo que les daba el capital y a dirigir sus tiros no contra los instrumentos materiales de producción sino contra la forma social en que se aplicaban" (1).

Todo este desarrollo espontáneo e instintivo determinó que la clase obrera madure para dar un salto cualitativo en su desarrollo, en la perspectiva de transformarse en ‘clase para sí’ o consciente.



5) La más importante expresión teórica de las luchas de la clase obrera, en esta primera fase de su desarrollo, fue el "socialismo utópico", que en su momento jugó un rol progresivo, a pesar de que no pudo fundar la ciencia de la sociedad. Pretendió sacar el socialismo de su cabeza, simples ilusiones fantásticas imposibles de darse en la realidad; las sociedades que pintaban en sus doctrinas no eran más que sueños, y como tales era imposible llevarlos efectivamente a la realidad.

Su limitación fue que no lograron descubrir las leyes que rigen el desenvolvimiento de la sociedad capitalista, es por eso que su actividad práctica no pudo ser auténticamente revolucionaria. Posteriormente, las diversas organizaciones del socialismo utópico se convirtieron en "sectas reaccionarias", en un obstáculo para el desarrollo de la clase.

Cuando la clase obrera había madurado para dar el salto cualitativo hacia la estructuración de su propio partido político —estamos hablando del cartismo inglés, que fue el primer partido político obrero, y posteriormente la Liga de los Comunistas—, las sectas que habían estructurado los socialistas utópicos jugaban ya un rol abiertamente reaccionario.

Marx y Engels señalaron que la importancia de este socialismo utópico está en razón inversa al desarrollo histórico. Cuando el capitalismo todavía estaba en su fase ascendente, tuvieron mucha importancia, y la pierden totalmente cuando el capitalismo madura para su autotransformación. En el Manifiesto Comunista, decían: "aunque algunos autores de estos sistemas socialistas fueran en muchos aspectos verdaderos revolucionarios, sus discípulos forman hoy día sectas indiscutiblemente reaccionarias (destacado del redactor) que tremolan y mantienen impertérritas las viejas ideas de sus maestros frente a los nuevos derroteros históricos del proletariado" (2).

Por eso se consideran por encima de la lucha de clases, pretenden mitigarla y conciliar sus intereses antagónicos por eso siguen soñando con realizar experimentos de sus utopías sociales y "se enfrentan rabiosamente contra todos los movimientos políticos" del proletariado. "Poco a poco van resbalando a la categoría de los socialistas reaccionarios o conservadores, de los cuales sólo se distinguen por su sistemática pedantería y por el fanatismo supersticioso con que confían en las milagrerías de su ciencia social" (3).



6) El proletariado no nació con independencia de clase, ésta será el producto de su desarrollo ulterior. Es más, al principio la burguesía se benefició con el apoyo del proletariado en su pugna con los sectores feudales o en la lucha interburguesa.

La burguesía a veces colaboró con los obreros a organizarse sindicalmente. Utilizó a los proletarios como carne de cañón en sus luchas interburguesas. En Inglaterra ayudaron a la burguesía a implantar el librecambio, la derogación de las leyes anticerealeras, modificación del código civil y penal, etc. En Francia apoyaron a la burguesía en su lucha contra la aristocracia feudal y el poder monárquico.

Tuvo que pasar algún tiempo para que esa situación acabe, para que el propio desarrollo de la clase, impulsado por su instinto y su experiencia, la empuje a buscar su propia independencia clasista, que la conduciría a formular sus propios objetivos clasistas en el plano político.



7) En el plano económico, después de haber superado la fase primitiva y de lucha individual, que se tradujo en robo y asesinato, y posteriormente en la destrucción de las máquinas, el proletariado comprendió que había que organizarse unitariamente para defender sus intereses inmediatos en contra de la opresión burguesa.

Luchó por esa finalidad a pesar de que toda asociación o agrupación obrera estaba prohibida por la ley burguesa, desde la Revolución Francesa. Toda acción en ese sentido constituía un delito severamente penado; por eso los obreros fundaron sociedades secretas, que poco a poco se fueron extendiendo.

Después de mucho tiempo de lucha, se obtuvo una victoria en 1824, cuando se aprobó una ley derogando las múltiples disposiciones legales que prohibían la organización obrera.

Como se ve, el sindicato y la huelga nacieron de las entrañas de la clase obrera, de sus condiciones de trabajo y de existencia, de sus características como clase. Los sindicatos surgieron y se desarrollaron, primero a nivel de una fábrica, luego en una rama, posteriormente en una localidad y finalmente a nivel nacional.

Marx escribió que la unificación de los obreros "tiene dos objetivos: disminuir la competencia entre los propios obreros y concentrar la fuerza total de la masa obrera contra el capitalista" (4).



8) Los sindicatos y las huelgas jugaron un papel de enorme importancia en la maduración y desarrollo de la clase obrera, esto a pesar de que los socialistas utópicos no lograron comprenderlos y se oponían a ellos. Son los revolucionarios, que hicieron del socialismo una ciencia, quienes dieron su verdadero lugar a estas creaciones de las masas. Engels decía: "Las huelgas son para los obreros las escuelas de adiestramiento militar, los campos donde se prepara el proletariado para la gran lucha final inevitable, las proclamas por medio de las cuales las secciones individuales de trabajadores anuncian su adhesión al movimiento social obrero... Como escuela en el arte de la guerra contra el capitalismo, las huelgas no tienen igual" (5).

Marx complementaba: "En el curso de esta lucha —una verdadera guerra civil— se van reuniendo todos los elementos para la batalla futura. Al llegar a este punto, las coaliciones ya asumen carácter político" (6).

Engels ya señaló que no basta el sindicato para subvertir el orden de cosas existente, necesariamente tiene que proyectarse al campo político: "La historia de estas asociaciones es una cadena constante de derrotas interrumpidas por una que otra victoria ocasional. Es evidente que, aun con toda la fuerza de que dispone, el tradeunionismo no puede subvertir la ley económica según la cual los salarios se regulan por la oferta y la demanda imperantes en el mercado de trabajo" (7).



9) Posteriormente, la insurrección de Lyon (Francia) y la fundación del primer partido obrero del mundo, el partido cartista de Inglaterra, mostraron que la clase obrera había logrado grandes avances en su proceso de maduración: empezó a proyectar su lucha al plano político, la "Carta" demandaba el sufragio universal para los obreros y exigía algunas transformaciones democráticas.

La madurez de la clase llegó al punto en que era necesario un salto cualitativo para dotarse de un partido político propio, que exprese sus intereses generales de clase, para transformarse en ‘clase para sí’ o clase consciente, completamente independiente con referencia a las otras clases de la sociedad capitalista y particularmente de la burguesía. El salto cualitativo fue dado por la Liga de los Comunistas.

"Al comenzar la era capitalista —escribió Marx— las condiciones económicas transformaron a la gran masa de la población en una masa de asalariados. El régimen del capital creó condiciones que afectaron del mismo modo a todos los obreros y les dotaron de intereses comunes. A partir de ese momento se consolidan como clase frente al capitalista, aunque todavía no tengan conciencia de sí mismos como clase aparte. En el transcurso de su lucha... la masa obrera se consolida hasta llegar a formar conscientemente una masa distinta. Sus intereses se convierten en intereses de clase. Y la lucha de una clase contra otra es una lucha política" (8).



10) La clase obrera no puede transformarse en ‘clase para sí’, por su propio desarrollo espontáneo e interno. Es necesario que confluyan otros factores. El desarrollo de la filosofía clásica alemana, de la economía política inglesa y del socialismo francés fueron las precondiciones teóricas necesarias para el surgimiento de la ciencia de la historia, que permitió comprender el papel histórico universal de la clase obrera. La conciencia de clase, pues, no es un proceso automático y mecánico que la clase obrera puede generar espontáneamente.

Como se ha visto, el desarrollo de la clase plantea la necesidad histórica de estructurar el Partido, de dotarse de conciencia clasista bajo la forma de organización revolucionaria. El germen de la conciencia es el movimiento espontáneo de la clase, que se asienta en el instinto de la clase revolucionaria de nuestra época, pero ese instinto sólo puede realizarse por medio del partido revolucionario de la clase obrera, que es la encarnación de la conciencia de clase.



11) La Liga de los Comunistas, que fue el primer partido revolucionario del proletariado en la historia, colocó como piedra angular de la organización revolucionaria un programa, el Manifiesto Comunista, que expresa los intereses históricos de la clase obrera, la misión que tiene de sepultar al capitalismo: "el primer paso de la revolución obrera será la exaltación del proletariado al poder, la conquista de la democracia". A continuación, explica: "El proletariado se valdrá del poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante..." (9).

Posteriormente, ese objetivo estratégico será precisado por el propio Marx, cuando dice que el socialismo revolucionario "es la declaración de la revolución permanente, la instauración de la dictadura de clase del proletariado como paso necesario para la abolición de las distinciones de clase en general" (10). O en la Crítica al Programa de Gotha, donde señala que en el período de transición entre el capitalismo y el comunismo, el "Estado no puede asumir más forma que la dictadura revolucionaria del proletariado" (11).



12) Sin embargo, la enunciación programática no daría lugar, mecánica y automáticamente, a la forma organizativa más adecuada para que los revolucionarios-marxistas pudiesen llevar adelante ese objetivo programático. Todavía tendría que recorrerse mucho camino para que pudiesen descubrir la organización más adecuada que permita transformar en "fuerza material" las formulaciones teóricas de la ciencia de la historia. Eso significaba que la organización revolucionaria, el partido revolucionario de la clase obrera, debía todavía sufrir un proceso de experimentación y de transformación, en la lucha.

La Asociación Internacional de Trabajadores, fundada en 1864, pasó a la historia como la Primera Internacional y tuvo como misión fundamental la difusión del marxismo, como doctrina obrera, al conjunto del movimiento obrero mundial, tarea que cumplió a cabalidad si se recuerda que tuvo que luchar, en su propio seno, con diversas corrientes a las que derrotó teórica y prácticamente. Es el caso de los cartistas, owenistas, fourieristas y sobre todo los anarquistas.

Sin embargo, la coexistencia de diversas corrientes en la misma organización determinó sus limitaciones. La Primera Internacional fue una organización que, en los hechos, no tenía una homogeneidad programática, era heterogénea, y esa característica significó una seria limitación en su accionar revolucionario, como pudo constatarse, por ejemplo, en la Comuna de París.

Es evidente, sin embargo, que la Asociación Internacional de los Trabajadores respondió al nivel de desarrollo de la clase obrera en ese momento y jugó un papel progresivo en el proceso de su formación como clase revolucionaria a nivel internacional. En 1873, la Primera Internacional había cumplido su rol histórico y es por ello que fue disuelta por sus propios fundadores, Marx y Engels.



13) La Segunda Internacional o socialdemocracia se estructuró partiendo de la nueva etapa que vivía el proletariado europeo y asimilando la experiencia de la Primera. Una vez que el marxismo se había convertido en un patrimonio del movimiento obrero a nivel internacional, la homogeneidad teórico-política que logró fue grande. Es el período de la difusión masiva del marxismo en todas las latitudes incluso más allá de Europa. Sin embargo, el período de relativo auge del capitalismo que se vivió a fines del siglo XIX y el surgimiento de la época imperialista provocaron el surgimiento de fuertes corrientes revisionistas en su seno —se expresaron en los planteamientos de Eduard Bernstein—, que entroncaron en la aristocracia obrera que se había formado en el movimiento obrero antes de la Primera Guerra Mundial.

La corriente revisionista, si bien inicialmente combatida en todo el mundo dentro de la propia socialdemocracia por las corrientes ortodoxas y revolucionarias, poco a poco fue cobrando más importancia, como se constató en la lucha de Rosa Luxemburgo contra el burocratismo y el revisionismo.

En los hechos, cristalizó en la corriente reformista y pudo seguir conviviendo con la revolucionaria; se le dio la posibilidad de existir y desarrollarse indefinidamente al interior de la socialdemocracia, hasta que finalmente se convirtió en corriente dominante al interior de la Segunda Internacional y la degeneró definitivamente, hecho que se manifestó abiertamente en su conducta social-chovinista y de sometimiento a las burguesías nacionales imperialistas en ocasión de la Primera Guerra Mundial.



II. El partido leninista

1) El gran desafío de los marxistas rusos consistió en la aplicación del marxismo a la realidad rusa, una realidad completamente nueva si se la compara con los países europeos, que fueron el laboratorio donde se elaboró la teoría marxista, la ciencia de la historia. Por ello es que el movimiento marxista internacional y sobre todo los rusos, tuvieron que retornar al método científico de análisis, para lograr comprender esa realidad concreta sobre la que tenían que actuar.

La primera gran tarea que tuvieron que cumplir fue la lucha teórica contra el populismo ruso, al que tuvieron que derrotar primero en el plano de la teoría y posteriormente en el de la práctica. Ellos creían en la posibilidad de llegar al socialismo a partir de la comunidad agrícola campesina (Mir), sin tener que pasar por los tormentos del capitalismo.

Es por ello que tuvo que utilizarse toda una década (1884/94) para sentar las bases teóricas fundamentales del programa revolucionario de la revolución rusa. Fue una etapa de gestación del nuevo partido revolucionario de la clase obrera; existían sólo algunas unidades de revolucionarios que cumplieron esta tarea. La formación del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, en el primer congreso de marxistas de 1898, fue el punto culminante de esta etapa.

Posteriormente, vino un período de dispersión, de disgregación, de vacilación, es la etapa de la adolescencia. Coincide con progresos gigantescos del movimiento de masas, se propaga en nuevos sectores, se incorpora la pequeña-burguesía. Cuanto más alto nivel de conciencia reclamaba el movimiento instintivo, espontáneo de las masas, los revolucionarios estaban menos a la altura de su tarea: los dirigentes no sólo quedaban rezagados teóricamente (marxismo "legal", envilecido, revisionista), sino prácticamente (métodos artesanales). Para decirlo en palabras de Lenin: "Lo que caracteriza a este período no es el desprecio olímpico de algún admirador de ‘lo absoluto’ por la labor práctica, sino precisamente la unión de un practicismo mezquino con la más completa despreocupación por la teoría. Más que negar abiertamente las ‘palabras sublimes’, lo que hacían los héroes de este período era envilecerlas: el socialismo científico dejó de ser una teoría revolucionaria integral, convirtiéndose en una mezcolanza a la que se añadían "libremente" potingues procedentes de cualquier manual alemán nuevo; la consigna de ‘lucha de clases’ no impulsaba a una actividad cada vez más amplia, cada vez más enérgica, sino que servía de calmante, ya que la ‘lucha económica está íntimamente ligada a la lucha política’; la idea del partido no exhortaba a crear una organización combativa de revolucionarios, sino que justificaba una especie de ‘burocracia revolucionaria’ y el juego infantil de formas democráticas (12).

Frente a esta situación, se trataba de encontrar una respuesta clara y contundente a la pregunta de cómo superar las vacilaciones, el envilecimiento teórico y, al mismo tiempo, los métodos artesanales, que se hacían los revolucionarios: ¿Qué hacer?



2) La teoría leninista de la organización revolucionaria da una respuesta concreta a esos problemas planteados en la lucha de los revolucionarios para superar el impasse teórico y práctico que se planteaba en ese momento. Y esa respuesta significó un salto cualitativo en la teoría sobre el partido que hasta el momento se había logrado elaborar. El salto teórico, y luego práctico, que se dio en la cuestión de la organización revolucionaria, permitió que por primera vez en el movimiento revolucionario, marxista, se encontrase una organización capaz de ponerse a la cabeza de las masas y del proletariado para lograr la victoria revolucionaria. La degeneración política de muchas organizaciones que se reclaman del marxismo y que han abandonado la lucha o han ido al campo del enemigo de clase o, finalmente, han acabado como sectas intrascendentes en la lucha de clases y en el movimiento obrero, necesariamente ha tenido que deformar la naturaleza de la organización leninista, ya sea como antecedente de su degeneración política, clasista, o como una consecuencia de ésta.

Es por ello que es de enorme importancia el comprender con exactitud el significado de esta teoría para poder llevarla a la práctica.

Rompiendo con la tradición socialdemócrata, con el mecanicismo y el espontaneísmo existentes, Lenin plantea una idea central: "Por sus solas fuerzas la clase obrera no puede llegar más que a la conciencia tradeunionista, es decir a la convicción que hay que unirse en sindicatos, luchar contra los patrones, reclamar del gobierno tales o tales leyes necesarias para los obreros... etc. En cuanto a la doctrina socialista, ella ha nacido de las teorías filosóficas, históricas, económicas, elaboradas por los representantes cultivados de las clases poseedoras, por los intelectuales" (13).

Esta es una conclusión fundamental, que se convierte en la piedra angular de la teoría y práctica leninistas de la estructuración del partido revolucionario de la clase obrera. Y las razones de este planteamiento son profundas: el lugar que ocupa el proletariado en el proceso de producción, el hecho de ser deposeído de los medios de producción, condiciona su exclusión de la cultura, y por ello, su imposibilidad de conquistar, como clase, la conciencia de su propia clase. No puede formularse conscientemente el proceso histórico que lo conduce, permanentemente, a luchar contra el orden de cosas existente. Esa conciencia tiene que venirle ‘desde fuera’, por medio de aquellos individuos que participan de la cultura y que por ello poseen los instrumentos necesarios para descubrir las leyes que gobiernan el desenvolvimiento de la historia.

El planteamiento leninista es claro: no se trata de un desarrollo gradual del proletariado que poco a poco adquiere su conciencia clasista, sino que esa conciencia sólo puede venirle ‘desde fuera’, es decir, por medio de los intelectuales de la burguesía, aquellos que lograron comprender las leyes de la historia. Por eso, Lenin repite, una y otra vez, "La conciencia política de clase sólo puede llevarse al obrero desde el exterior" (14). Y en otro lugar: "Por sí mismo, el movimiento obrero espontáneo sólo puede engendrar (y lo hace inevitablemente) el tradeunionismo; ahora bien, la política tradeunionista de la clase obrera es precisamente la política burguesa de la clase obrera" (15). O dicho de otra manera: "El movimiento obrero espontáneo es el tradeunionismo... y el tradeunionismo es justamente el sometimiento ideológico de los obreros por la burguesía" (16).

De ahí, la conclusión inevitable: "Es por eso que nuestra tarea, la de la socialdemocracia, es combatir la espontaneidad, sacar al movimiento obrero de esta tendencia espontánea que tiene el tradeunionismo a refugiarse bajo el ala de la burguesía, para atraerla bajo el ala de la socialdemocracia revolucionaria" (17).



3) Los adversarios de Lenin no lograron comprender en toda su profundidad el descubrimiento leninista. Estaban convencidos de que era una exageración su planteamiento sobre el carácter burgués de la espontaneidad del movimiento obrero, y junto con ello, creyeron que era desproporcionado el papel que le asignaba a la inteligencia de la burguesía, como conciencia de la clase obrera que le llega ‘desde el exterior’.

Plejanov, que expresó de manera coherente la crítica a Lenin, va más allá y señala que la tesis de éste era la de un "idealista", y que significaba que "no había comprendido el socialismo científico en su actitud con referencia a esta cuestión" (18). Demuestra que sobre la base de la presión del "crecimiento espontáneo del movimiento obrero", Marx y Engels fueron capaces de desarrollar todas sus concepciones y, particularmente, reconocieron que el proletariado era la "fuerza revolucionaria esencial" de nuestra época, y que en Rusia fue esa misma presión la que determinó que se hiciera la crítica marxista "a la vieja teoría populista que comenzaba a romperse por todas sus costuras" (19).

Además, demuestra que para Marx y Engels la clase obrera, en su movimiento espontáneo, "tiende a suprimir las relaciones de producción capitalistas, es decir a realizar la revolución socialista" (20).

Las conclusiones de Plejanov al respecto pretenden ser demoledoras: "Si es verdad la tesis fundamental del marxismo según la cual el ‘pensamientoí de los hombres está determinado por su ‘modo de existenciaí, y si no es erróneo el teorema de base del socialismo científico, que afirma que la revolución socialista es la consecuencia inevitable de las contradicciones internas del capitalismo, es claro,pues, que a un cierto estadio de desarrollo social, los trabajadores de los países capitalistas habrán de arribar al socialismo incluso si ellos hubiesen sido abandonados a sus propias fuerzas" (21).



4) Es indudable que el proletariado tiene instinto comunista —por el lugar que ocupa en el proceso de producción— y tampoco se puede poner en tela de juicio que "el crecimiento espontáneo del movimiento obrero" tiende, en muchas circunstancias, a suprimir las propias relaciones capitalistas de producción, en la medida en que las ideas y hasta los sentimientos de los hombres están determinados por la estructura económica. La prueba más clara de esta afirmación es que en muchos países y en diferentes circunstancias, el proletariado y las masas han protagonizado movimientos insurreccionales que no han sido dirigidos por un partido revolucionario. En el caso boliviano, por ejemplo, la insurrección del 9 de abril de 1952 no sólo que fue protagonizada por el proletariado y las masas, sino que fue triunfante, al punto que destruyó, en la lucha callejera, al ejército y a la policía, habiéndose puesto en pie las milicias obrero-campesinas, que fueron la base de sustentación de la Central Obrera Boliviana, que nació como un órgano de poder de las masas.

Y Lenin reconoció esas críticas, cuando dijo, en el propio IIº congreso de la socialdemocracia rusa, que "Sabemos todos hoy día que los ‘economistas’ han torcido el palo en un sentido. Para reenderezar el palo había que torcerlo en el sentido inverso. Eso es lo que yo hice" (22).

Sin embargo, ese reconocimiento no se puede extender a la idea central de Lenin, que contrasta completamente con el planteamiento de Plejanov. Es puro mecanicismo el pretender que "en un cierto estadio del desarrollo social, los trabajadores de los países capitalistas habrán de llegar al socialismo incluso si hubiesen sido abandonados a sus propias fuerzas". Ahí muestra su mecanicismo y su espontaneísmo. Está convencido de que la conciencia de clase puede ser la consecuencia mecánica de un desarrollo gradual, de cambios cuantitativos que conduzcan de manera natural y espontánea a transformar a la clase en clase conciente.

Es cierto que la estructura económica, el modo como los hombres producen su vida material, está en la base de las ideas y pensamientos que aquéllos elaboran. Pero ni siquiera esto es un proceso mecánico, sobre todo cuando se trata de la expresión teórica de los intereses generales de una clase explotada y oprimida, como es el proletariado.

Plejanov no logró comprender que la formación de la conciencia de clase es un proceso complejo, que si bien recoge muchos elementos sacados de las intuiciones y aspiraciones de la propia clase, que van surgiendo al calor de la lucha, de su proceso de maduración o incluso de los elementos pre-científicos que se desarrollaron con los socialistas utópicos, etc., en ningún caso podría haberse dado el salto cualitativo a la calidad de ciencia, y la incorporación de algunos elementos inconexos y mal formulados en una totalidad armónica que constituya la ciencia de la historia. Esta sólo se constituye como tal, en el momento en que llega a descubrir leyes que se refieren a la naturaleza íntima, esencial, del desenvolvimiento de la sociedad. Todo ese arduo trabajo que llevaron adelante con una adecuada metodología científica Marx y Engels es, ciertamente, una tarea propia de los intelectuales de las clases poseedoras (o, excepcionalmente, de obreros individuales en calidad de teóricos). Ese es el rasgo que Lenin subraya con toda nitidez, cuando insiste en que la conciencia de clase le viene al proletariado "desde fuera".

La prueba de la corrección de estas afirmaciones es que durante el siglo XX se han producido múltiples insurreciones, a pesar de que en la mayor parte de ellas no estuvo presente el partido revolucionario. Eso significa que las masas, empujadas por su instinto, no plantean solamente reivindicaciones salariales o económicas, sino que a partir de ellas, en un determinado momento de su evolución, se levantan contra el orden de cosas establecido, toman las armas, combaten a muerte contra el Estado burgués y sus órganos represivos y pugnan, aun a costa de su vida, por echar del poder al gobierno burgués. Sin embargo, una cosa es expulsar a un gobierno y otra muy distinta es que la clase obrera y las masas tomen el poder en sus manos.

Cuando no existe partido político de la clase obrera, cuando las masas se lanzan espontáneamente a la insurrección, es indudable que la burguesía retoma el poder, aun cuando las masas hayan destruido el Estado burgués, como sucedió en 1952 en Bolivia. El proletariado, ante la ausencia de una vigorosa dirección revolucionaria, entregó el poder a un partido burgués, el MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario), y éste reconstruyó el Estado burgués apoyándose en el imperialismo norteamericano.

Excepcionalmente se ha dado el caso de que las masas, protagonistas del proceso revolucionario, entreguen el poder a partidos pequeña-burgueses o stalinistas, a quienes les imponen una parte importante de sus reivindicaciones y del propio programa socialista.

Esos hechos confirman, pues, la tesis leninista de que la conciencia de clase no puede surgir espontáneamente, por la acumulación de múltiples experiencias en las luchas contra la burguesía. Que, por lo tanto, la conciencia debe venir "desde fuera", por la acción consciente de los elementos de la intelectualidad burguesa que han logrado comprender las leyes de la historia.

Sin conciencia de clase expresada en el partido revolucionario de la clase obrera, no es posible el triunfo de la revolución proletaria, ni aun en el caso extremo de que el proletariado hubiese tomado el poder, porque sin partido no será posible que aquél se mantenga en el poder, como lo demuestra lo sucedido en la Comuna de París.



5) Sería equivocado creer que porque la intelectualidad burguesa es la que elabora la ciencia de la historia y porque es ella la que constituye, en un principio, el "bacilo revolucionario" (expresión de Plejanov), y que por lo tanto viene ‘de fuera’ de la clase, nada tiene que ver con ésta. El instinto socialista de la clase obrera no tiene otra forma de manifestarse que no sea a través de la ciencia de la historia y, por lo tanto, por medio de la intelectualidad burguesa. Esa capa social sufre un proceso de transformación, de proletarización, en la medida en que se identifica con la clase obrera y sus objetivos históricos, en la medida en que entrega su vida entera, o lo fundamental de ella, a la lucha revolucionaria del proletariado, en el marco de la organización revolucionaria del partido de la clase obrera. En los hechos, si bien su origen de clase es la pequeña-burguesía, su posición práctica en la lucha de clases la convierte en parte del proletariado, en su vanguardia. Es una intelectualidad que ha traicionado su origen de clase para entregarse por entero a la lucha revolucionaria.

La clase ‘en sí’, en su desenvolvimiento, logra transformarse en clase ‘para sí’. El instinto de la clase se ha trocado en conciencia, pero con la mediación de la intelectualidad burguesa, que viene ‘desde fuera’ de la clase. El proletariado, que es propietario privado de su fuerza de trabajo, es el germen de la conciencia de clase porque es desposeído de los medios de producción, tiene instinto socialista. El partido, que inicialmente está constituido por elementos de la intelectualidad burguesa, es conciencia de clase, expresión de los intereses generales del proletariado. La clase obrera se realiza como clase a través de su conciencia, por medio del partido, sólo así es clase ‘para sí’. El partido no puede realizarse como tal si no logra transformarse en partido de masas, sobre todo de las masas proletarias; se realiza a través de la clase, sólo así las ideas revolucionarias pueden transformarse en "fuerza material". Si realmente quiere ser partido no puede quedarse en el núcleo de intelectuales revolucionarios, sino que tiene que penetrar profundamente en las masas. De esa manera es que la clase crea al partido y a la inversa, el partido modela a la clase; hay una dialéctica permanente entre clase y partido, una interdependencia e interinfluencia permanentes.



6) Todo lo anterior conduce a la centralización leninista en un doble sentido: por una parte, el partido debe definir claramente sus fronteras con referencia al resto de la clase, ésa es la única forma de que se transforme verdaderamente en una organización de combate, revolucionaria. Esto significa que el militante debe dedicar lo fundamental de su existencia a la lucha revolucionaria, debe ser un revolucionario profesional. No es aquel que simplemente proclama su adhesión al programa revolucionario o que colabora eventualmente con la organización, sino que es el que milita en un organismo partidista. Es la mujer o el hombre que aprende a manejar y difundir la teoría revolucionaria, el que es capaz de agitar y organizar a las masas, penetrando en su seno. Su profesión es, pues, la lucha revolucionaria.

Por otra parte, la actuación del partido sobre la clase tiene que estar centralizada, tiene que llevar una sola voz de mando, a pasar de las posibles discrepancias que se puedan dar en su seno. Para ello tiene que aplicarse la centralización democrática o la democracia centralizada, donde la mayoría se impone a la minoría y donde los órganos inferiores se subordinan a los superiores. La clave para impedir la degeneración de la organización es que ninguno de los polos, ni la democracia ni el centralismo, ahogue al otro. Para expresar esta idea, en la edición de 1902 del ¿Qué hacer?, Lenin escribió: "Necesitamos una organización militar de agentes". Pero también afirma: "La concentración de todas las funciones clandestinas entre las manos del más pequeño número de revolucionarios profesionales, no significa en ningún caso que éstos ‘pensarán por todos’, que la masa no tomará una parte activa en el movimiento" (23).

No puede haber un sólido centralismo si no hay una amplia democracia interna en la organización, esto porque la mejor forma de preparar la actuación unificada es la discusión democrática que agote todos los problemas y resuelva todas las dudas. La subordinación de las instancias inferiores a las superiores no puede ser el motivo para que se instaure una dictadura interna en la dirección (Comité Central), sino que debe ser estrictamente la consecuencia de la necesidad de unificar la actuación revolucionaria. La dirección, y no la dictadura, tiene que basarse siempre en la más amplia discusión de todos los problemas, antes, durante y después de las actuaciones.

La democracia no sólo se expresa en el hecho de que el congreso y las conferencias de la organización en su conjunto están por encima del Comité Central, sino también en el hecho de que una organización revolucionaria sana debe permitir el funcionamiento de tendencias e incluso fracciones en su interior.

La tarea del partido es de "recoger y concentrar todas las gotas y los pequeños rios de la efervescencia popular, que corren por toda Rusia en cantidad infinitamente más grande que lo que creemos, en un solo gran torrente gigantesco" (24).

Sin un proceso de autocrítica permanente, la organización revolucionaria no podría avanzar. La autocrítica es la palanca que permite la superación de los errores, que son inevitables en la actuación práctica. No hay que olvidar que no es revolucionaria la organización que no yerra (porque esto sólo podría darse en caso de que no actúe), sino la que yerra y aprende a corregir sus errores.



7) Para pasar de los círculos aislados y actuando ‘artesanalmente’, en cada sector o localidad, a una organización de carácter nacional, capaz de tocar los problemas fundamentales del desarrollo político y de las masas, hay un instrumento que Lenin planteó y ejecutó: el periódico político de carácter nacional, que sería la expresión de una voluntad central y coordinadora, por oposición a los periódicos locales o las hojas sectoriales. Sólo así se puede dar una dirección nacional al movimiento, dar las respuestas que requieren permanentemente las masas en su lucha contra la burguesía y que no es más que la concretización de la línea programática a cada situación particular y coyuntural. El periódico, elaborado y distribuido colectivamente, se convierte en un organizador colectivo, obliga a los militantes a organizarse internamente, permite ampliar la influencia partidista, organizar a los simpatizantes, en fin, generalizar la experiencia de la lucha de las masas.

El factor decisivo de la revolución es el partido, un "ejército permanente" (Lenin), que es lo contrario de la organización esporádica o local.



8) La esencia de la teoría leninista es aplicable a todos los países capitalistas por cuanto el proceso de transformación de ‘clase en sí’ a ‘clase para sí’ es similar, se da a nivel nacional y también a nivel mundial, porque la clase obrera es una clase internacional, como la propia economía capitalista. Sin embargo, no se puede hacer una calca mecánica de todas las características de la organización leninista en todas partes, en todos los momentos. Por ejemplo, cuando Lenin formuló su teoría y la puso en práctica, una de las causas que la motivó fue la lucha contra la policía zarista, que reprimía sistemáticamente a los grupos revolucionarios. En esas condiciones, la democracia interna estaba necesariamente cercenada; por eso Lenin criticaba a los que jugaban al "democratismo". No en todos los momentos se presenta el caso de Rusia a principios de siglo, donde la inteligencia había sido ganada masivamente al marxismo y existían, en todas partes, los "círculos" marxistas, aunque limitados localmente e inconexos. La formación del partido revolucionario puede recorrer múltiples caminos, de acuerdo a las circunstancias concretas de cada país. Ese, como todos los problemas concretos de la lucha revolucionaria, son un desafío a la creatividad y la inteligencia de los revolucionarios.



III. El Partido Obrero Revolucionario se ha transformado en secta

1) Ya hemos apuntado que el Partido Obrero Revolucionario es caracterizado como secta desde diversos ángulos. La burguesía, los reformistas y otras corrientes así lo denominan por diversas razones.

En algunos casos, porque viene proclamando —aunque no sea nada más que proclamación machacona, repetitiva hasta el agotamiento— la necesidad de la revolución proletaria por más de 6 décadas. Se la parangona con algunas sectas religiosas que anuncian la llegada del señor con la misma insistencia y persistencia.

En otros casos, porque sigue siendo un pequeño grupo a pesar de su larga existencia; en otros, en fin, porque proclama un estoicismo y un puritanismo que a veces llegan al ridículo y que la prensa burguesa explota como una de las ‘rarezas’ de la flora y fauna sociales.

Nosotros, en la caracterización que hacemos del POR, entroncamos en la rica tradición marxista que existe al respecto. Se puede decir que en todos los momentos del desarrollo del movimiento revolucionario encontramos sectas que impidieron el avance del movimiento, y que se convirtieron en tumores que era necesario extirpar.



2) En el movimiento revolucionario, marxista, hace mucho tiempo que los clásicos del marxismo tuvieron que luchar contra corrientes sectarias que hacían daño al movimiento obrero, impedían su avance y desarrollo o simplemente se habían convertido en intrascendentes para la lucha revolucionaria.

En el caso de las sectas del socialismo utópico, Marx y Engels las caracterizaron como "reaccionarias" o conservadoras, como ya hemos apuntado. Eran efectivamente reaccionarias, porque se oponían a que el movimiento obrero se proyecte al plano político en el marco de la independencia de clase, se dote de una estrategia política, que oponga sus propios objetivos políticos y métodos de lucha a los de la burguesía: "mantienen impertérritas las viejas ideas de sus maestros frente a los nuevos derroteros históricos del proletariado" (25).

En síntesis, se oponían al desarrollo del proletariado, a que pueda estructurarse como ‘clase para sí’ o clase consciente, con su propio partido político.



3) Al interior de la Tercera Internacional había una serie de sectas de carácter ultrista; es por ello que Lenin tuvo que ocuparse de sus desviaciones principales en un famoso libro: El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo. Con el gigantesco impulso que significó para el proletariado mundial el triunfo de la revolución proletaria en Rusia, surgieron corrientes revolucionarias que se oponían a la poltronería y el aburguesamiento de los partidos socialdemócratas de la Segunda Internacional.

Pero esas corrientes revolucionarias trajeron consigo a las sectas ultristas que se formaron en varios países, y que se oponían a participar en los sindicatos reaccionarios y creían que el deber revolucionario era poner en pie organizaciones sindicales ‘puras’, ciento por ciento revolucionarias; repudiaban cualquier posibilidad de participación en las elecciones burguesas, porque consideraban que el parlamento y el parlamentarismo ya habían caducado histórica y políticamente, que sólo estaban vigentes los métodos de la revolución proletaria; se oponían a cualquier compromiso con las corrientes o partidos políticos que no fuesen revolucionarios; en fin, creían que la revolución podía producirse en línea recta, sin contradicciones y como consecuencia de sus deseos y voluntarismo.

Lenin caracterizó semejantes desviaciones como "enfermedades infantiles" propias de la pequeña-burguesía, desesperada por realizar aceleradamente la revolución y que no había logrado templarse en el pensamiento marxista y la práctica revolucionaria.



4) Trotsky también, a lo largo de la lucha de la Oposición de Izquierda contra la burocracia stalinista, tuvo que combatir contra las pequeñas sectas que impedían el avance revolucionario y el desarrollo de la IVª Internacional. En sus escritos encontramos material valiosísimo para la comprensión de esta enfermedad que es el sectarismo, que tanto daño le ha causado al movimiento revolucionario. Por las características de su desarrollo histórico, la IVª Internacional ha sido particularmente afectada por esta enfermedad.

Tal importancia asignaba a la lucha contra las sectas, que en el programa de fundación de la IVª Internacional, el Programa de Transición, escribió: "Bajo la influencia de la traición y de la degeneración de las organizaciones históricas del proletariado, en la periferia de la IVª Internacional han nacido o han degenerado grupos y formaciones sectarias de diferentes géneros" (26), y realiza un análisis sobre las características de las sectas, que no es más que un complemento de los múltiples escritos sobre el mismo fenómeno.

El sectarismo es una enfermedad en la lucha revolucionaria que se ha presentado, como hemos visto, al principio del desarrollo del movimiento obrero, y también puede ser una enfermedad de la decrepitud y decadencia de una determinada corriente política. En Bolivia estamos convencidos que, hace varias décadas, se presentó este fenómeno, que se ha convertido en un verdadero obstáculo para el desarrollo del movimiento obrero y para la lucha revolucionaria.

Si se constata la existencia de una secta —en el caso boliviano tiene larga tradición y un lugar en la historia del país— no hay otra alternativa que superarla dialécticamente, para lanzarse osadamente a la estructuración de un verdadero partido revolucionario de la clase obrera.

En este caso, debemos aplicar la famosa exhortación de Trotsky: "La premisa necesaria de los éxitos revolucionarios es la depuración de la IVª Internacional del sectarismo y de los sectarios incorregibles".



El programa

1) Una de las características más sobresalientes del Partido Obrero Revolucionario, es decir, del lorismo, es su jactancia petulante acerca del programa que ha elaborado, el "programa de la revolución boliviana".

Ese programa, por una parte, es la repetición de las conclusiones del materialismo histórico, y particularmente del trotskismo. Plantea la necesidad de luchar por la revolución socialista mundial y, en ese marco, la lucha por la revolución socialista en los países imperialistas; la revolución política en los estados obreros degenerados y en los países de capitalismo atrasado y semicoloniales como Bolivia; la lucha por la revolución y dictadura proletarias, que combinará la realización de las tareas democráticas —transformándolas en socialistas— junto con las tareas socialistas propiamente dichas; la revolución proletaria tiene como eje la alianza obrero-campesina, y los métodos propugnados son propios de la revolución proletaria, la movilización y la acción directa de masas.

Por otra parte, esas conclusiones marxistas del programa porista se plantean con una metodología antimarxista, propias del enfoque metafísico, de la lógica formal.

Esas conclusiones del marxismo, pues, resultan distorsionadas, ahogadas y envilecidas, porque su contenido es antidialéctico y antimarxista. Veamos.



2) La conclusión de la necesidad de la revolución socialista mundial emerge como una consecuencia mecánica del choque entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, que plantea la crisis estructural y la necesidad de aquella revolución.

Sin embargo, no se plantea el desarrollo del capitalismo mundial en su fase imperialista, en la segunda mitad del siglo XX, indispensable para comprender las perspectivas del capitalismo actual, que la burguesía lo presenta como una nueva fase del capitalismo que ha superado sus limitaciones del pasado y que tiene la capacidad de resolver todos los males que actualmente aquejan a la humanidad.

Tampoco explica los procesos de retorno al capitalismo que se vienen produciendo en los estados obreros degenerados; simplemente repite las viejas fórmulas de Trotsky sin entenderlas, y menos aplicarlas a la realidad viviente que se desarrolla ante nuestros ojos, como corresponde al marxismo revolucionario.

Ni siquiera le preocupa la discusión con la ideología burguesa que habla de la "globalización", el "fin de la historia", la "tercera ola", en fin, el "post-capitalismo", etc., que no son más que coberturas ideológicas que usa la burguesía para tapar la realidad actual, que es de una agudización de la crisis mundial capitalista.

El lorismo se ufana de haber derrotado ideológicamente a la burguesía y que por ello no se necesita seguir elaborando la teoría marxista en este plano.

Estamos convencidos de que así como Lenin desarrolló la teoría del imperialismo a partir de las leyes descubiertas por Marx en El Capital, ahora también se hace indispensable captar las particularidades de la situación actual con la metodología científica, ortodoxa pero no dogmática del marxismo.

Los sectarios-dogmáticos creen que cualquier desarrollo del marxismo es ya revisionismo, y por eso se aterran cuando se trata de analizar los nuevos fenómenos con la metodología marxista. No son más que la otra cara de los revisionistas orgánicos, que parten de que todas las adquisiciones científicas del marxismo deben ser revisadas y renovadas con teorías novísimas.



3) Esas "conclusiones marxistas" disecadas y dogmatizadas que maneja el POR tampoco asimilan la experiencia del movimiento obrero y revolucionario del período mencionado, a pesar de que es un período preñado de enseñanzas para el futuro del movimiento obrero y para la propia lucha del proletariado boliviano. Por algo, la asimilación de estas enseñanzas ha provocado grandes escisiones en el movimiento obrero mundial y no se las puede reducir simplemente a las viejas enseñanzas de los clásicos. Esto no desmiente el hecho de que de ninguna manera se puede dejar de lado esas enseñanzas, y sobre todo, la metodología que permite asimilar científicamente los nuevos acontecimientos.

Así, los procesos revolucionarios de los países del Este, la intervención del stalinismo contrarrevolucionario de la URSS en los mismos, en fin, la revolución china, la cubana o la vietnamita y la coreana, simplemente no existen en la concepción metafísica, y por lo tanto nacionalista, que formula el ‘programa porista’.

En los hechos, la actitud del POR respecto a las luchas de clases del mundo, a partir de la muerte de León Trotsky, es considerar que no existen, o si existen es mejor no analizarlas, porque esto obliga a tomar partido en ellas. De la revolución rusa se salta a la revolución boliviana, y lo demás no existe ni siquiera como experiencia negativa. Se trata, pues, de un programa que repite "conclusiones marxistas" que, en ese contexto, se han convertido en dogmas inamovibles. Los dogmáticos-sectarios son incapaces de asimilar las experiencias de la lucha de clases a nivel mundial.



4) Si el programa porista no habla de las grandes experiencias del movimiento obrero y revolucionario a nivel mundial, tampoco habla del proceso político que se ha dado en las diferentes corrientes que se reclaman del marxismo, y particularmente en el campo del trotskismo.

Simplemente se refiere al ‘pablismo’, ‘morenismo’, ‘mandelismo’, ‘altamirismo’ u otras corrientes sin haberlas analizado científicamente, en la forma y el fondo, en el desarrollo de sus contradicciones, en una palabra, sin comprenderlas científicamente. Sólo se las menciona para decir que han violado tal o cual dogma que profesa la secta, tomando tal o cual hecho aislado y descontextualizado, para ‘confirmar’ sus caracterizaciones y, por lo tanto, para convertir a sus militantes en enemigos gratuitos —sin ningún fundamento— de las supuestas políticas contrarrevolucionarias.

En las miles de páginas repetitivas y machaconas escritas por G. Lora, no encontramos ningún estudio serio del desarrollo de la IVª Internacional y de las diferentes corrientes que se han estructurado en su seno.



5) Como se puede observar, el POR boliviano actúa como si no existiese el mundo; en los hechos, la economía y la política mundiales —de las que tanto habla en abstracto— sólo son un cuadro quasi estático en el que se inserta la sociedad boliviana, que en los hechos es lo único que importa.

Como ejemplo, podemos mencionar el hecho de que en la caracterización de la situación política boliviana no entra nunca el componente internacional, que debe ser el punto de partida para elaborar aquella. Para el lorismo ingresamos en una situación revolucionaria en 1991, independientemente de la caída del Muro de Berlín (1989) y de la ofensiva imperialista que se estaba produciendo en ese momento.

Cuando se produce una convulsión social en cualquier latitud del mundo, el lorismo supone que es la expresión directa de la madurez de las condiciones objetivas, sin tener en cuenta los procesos concretos, los períodos de desarrollo de la economía y la política en el mundo y en cada una de las sociedades.

Es por todo ello que el famoso ‘Programa del POR’ es el resultado de una mentalidad limitadamente pueblerina, que no ve más allá de los horizontes de la comarca; a pesar de que, de vez en cuando, habla de los otros pueblos, en los hechos se cree completamente aislada de las otras sociedades y de la totalidad mundial.



6) Por todo lo mencionado, concluimos que el POR tiene una concepción nacional-socialista. El internacionalismo proletario sólo puede efectivizarse si la actuación revolucionaria en un determinado país considera que la evolución de la economía y de la política mundiales, la lucha de clases internacional, afecta de manera concreta el desarrollo del proceso revolucionario en cualquier país; si comprende que la lucha política revolucionaria de ese país influye sobre la economía y política mundiales; si está inmerso conscientemente en la lucha de tendencias al interior del movimiento obrero y actúa en consecuencia.

Con el ‘programa’ nacionalista no se puede llevar adelante una política internacionalista, y menos aún de intervención en la lucha por la reconstrucción de la IVª Internacional.

Es tal su aislamiento nacional, que el POR simplemente actúa bajo el supuesto de que la repetición de las ‘conclusiones marxistas’ ya lo convierte en un partido revolucionario por definición.

Está convencido de que es el único partido revolucionario del mundo y que, por lo tanto, todos los grupos y organizaciones que quieran alinearse detrás del POR pueden hacerlo bajo el supuesto básico de que su tarea central es difundir lo que dice y hace el POR, además de ayudar a su financiamiento, partiendo de que el centro de la política mundial en todo momento es Bolivia y el POR. La política internacionalista del POR no es más que la prolongación de la secta nacionalista al plano internacional; es por eso que no tiene ninguna perspectiva seria y menos revolucionaria, está condenada a la formación de pequeños grupúsculos, apéndices de la política de la secta mayor.



7) Su incomprensión del proceso de la revolución socialista mundial, del auténtico internacionalismo marxista, ha generado las condiciones para el surgimiento de la teoría de la "excepcionalidad boliviana", que es lo contrario del estudio de las particularidades de la sociedad boliviana, que son el basamento de la estrategia y de la táctica de la revolución proletaria en Bolivia.

La teoría de la "excepcionalidad boliviana" consiste en que Bolivia sería el único país que tiene algunas características que determinan que en este país se dé el inicio de la revolución mundial. En primer lugar, en el ámbito económico sería un país "capitalista atrasado" típico, a diferencia de la mayoría de los países. En segundo lugar, eso determinaría una agudización permanente de la lucha de clases y, por lo tanto, un radicalismo acentuado y particular de las masas bolivianas. En tercer lugar, la ‘excepcionalidad’ boliviana nos habla de un proletariado prácticamente virgen y desprovisto de ninguna tradición hasta su encuentro con el trotskismo, que es quien le imprimirá su sello de radicalismo revolucionario. Para terminar, algunas circunstancias habrían permitido la estructuración del partido más revolucionario del mundo, que se encargaría de conducir a las masas bolivianas a la conquista del poder. De esta última premisa no hay que olvidar que está presente, además, el líder indiscutido, la genialidad individual capaz de conducir a las masas y al partido a la conquista del poder.

Es tan remarcable esta característica boliviana que, según el lorismo, se trata de un país ‘trotskistizado’, en su historia, en su cultura e incluso, todos los partidos políticos de la burguesía y sobre todo de la izquierda, han sido influenciados decisivamente por el ‘trotskismo’.

La ‘excepcionalidad’ supone, también, que los explotados pueden, en medio de cualquier situación política (de derrota, prerrevolucionaria o revolucionaria) lanzarse de un salto y en cualquier momento a la conquista del poder político. Según el lorismo, también esta ‘excepcionalidad’ se refiere al hecho de que en el país pueden darse situaciones revolucionarias que duren más de un quinquenio, esto contra toda la elaboración de los clásicos revolucionarios. Incluso se ha dado el caso de una situación de tránsito a la insurrección que ha durado más de seis meses. La ‘excepcionalidad’ boliviana se refiere, pues, a la casi certeza de que la revolución mundial comenzará ‘en el país del altiplano’.



8) Ciertamente que la ‘teoría’ de la ‘excepcionalidad’ nada tiene que ver con el marxismo, porque éste es la ciencia de la historia, y sí, más bien, con una especie de mesianismo stalinista que estuvo en la base de la teoría antimarxista del ‘socialismo en un solo país’, en la que Stalin le atribuía a la URSS la excepcionalidad de sus abundantes recursos naturales, su enorme población, su historia particular, su vida intelectual y sus revolucionarios, etc., un conjunto que determinaba la posibilidad de que se lleve adelante el socialismo y el comunismo en el marco de sus fronteras nacionales.

La especificidad nacional, en su concepción marxista, no es otra cosa que una combinación particular de las características contradictorias de la economía mundial, de la crisis capitalista y del desarrollo de la revolución mundial.

En otras palabras, la particularidad nacional sólo puede ser estudiada en la medida que se comprenda, hasta sus últimas consecuencias, que la economía y la política mundiales son una sola totalidad, que influencian sobre sus partes no sólo estructuralmente, sino también superestructuralmente y a cada momento del desarrollo de la sociedad; no sólo en la influencia del todo a la parte, sino también de la parte al todo.

Sólo así podrá entenderse, en un sentido dialéctico-materialista, el concepto de la ‘particularidad nacional’ y, a partir de él, elaborar la estrategia y la táctica revolucionarias en un determinado país.

La ‘teoría’ de la ‘excepcionalidad boliviana’ ha convertido al ‘programa’ de la secta lorista en un programa de contenido nacionalista, completamente ajeno a la concepción y a la metodología del materialismo dialéctico y del materialismo histórico.



Programa, táctica y organización

9) A partir de ese ‘programa’ el POR se autodefine como revolucionario, repitiendo unilateralmente una afirmación que hizo Trotsky: "el partido es el programa". Pero Trotsky muchas veces explicó que no bastaba con una repetición de las generalidades del marxismo, sabía mejor que nadie que la formulación programática no es el único elemento del partido revolucionario, porque si fuese así, bastaría con que alguien formulase la necesidad de realizar la revolución y la dictadura del proletariado para decir que ya es revolucionario, aunque en su actuación práctica fuese en contra de ese objetivo estratégico.

En la historia del movimiento obrero y del marxismo muchas veces se ha producido esa ruptura entre lo que dice el programa marxista y lo que se hace. Lenin hostigaba a los socialdemócratas de la IIª Internacional, señalando que eran "socialistas de palabra y chovinistas-burgueses en los hechos". Trotsky desnudó al stalinismo porque, bajo el manto de fórmulas leninistas, abandonó completamente el marxismo y traicionó a la revolución.

El POR ha fetichizado el programa revolucionario, lo ha convertido en algo que, por sí mismo y de manera automática, puede dar como consecuencia una táctica adecuada y una organización revolucionaria, leninista. Y esto es un grave error, porque de lo que se trata en la lucha revolucionaria es de saber si el partido revolucionario es capaz de transformar las ideas revolucionarias en "fuerza material", es decir, en fuerza de masas. Ese es el sentido de la afirmación de Trotsky de que "el partido es programa, táctica y organización". Si se analiza con cuidado la afirmación lorista, en el sentido de que el partido es el programa, comprenderemos que es una afirmación idealista, porque sólo considera lo que se dice y no lo que se hace. Para el marxismo materialista la relación es al revés: a una persona o a una organización no se la identifica simplemente por lo que dice que es, sino por lo que efectivamente hace.

Es evidente que una organización revolucionaria no puede existir si no es a partir de un programa elaborado con la metodología científica y probado por los grandes acontecimientos revolucionarios, como sucede con el programa del marx-leninismo-trotskismo.

"Sin teoría revolucionaria no puede haber práctica revolucionaria", señaló Lenin, pero eso no quiere decir que la repetición mecánica de las conclusiones del marxismo determine, de manera automática, la existencia de una organización revolucionaria; para ello faltan todavía otras características que son decisivas en este terreno. No hay que olvidar que esa afirmación la hizo en el contexto de la formulación de la nueva teoría de la organización revolucionaria, que la debemos a Lenin, como hemos analizado más arriba. En ese sentido, es decir, en el sentido marxista, nosotros suscribimos la afirmación de Trotsky en el sentido de que "el programa es el partido".

Es un rasgo común en las sectas la fetichización del programa marxista, que significa atribuirle cualidades que no tiene a la formulación programática en sí misma.



10) Para estructurar una organización revolucionaria, leninista, no es suficiente la elaboración de un programa sobre la base de las conclusiones del marxismo. Falta saber todavía si esa organización utiliza la metodología marxista, científica, para penetrar en las masas, elaborar su táctica y poner en pie la organización revolucionaria. En el caso de la secta, esas conclusiones marxistas están completamente osificadas, dogmatizadas y no son una guía para la actuación revolucionaria. El propio Trotsky escribió, criticando a las sectas: "El marxismo descubrió las leyes que gobiernan a la sociedad capitalista y elaboró un programa científico basado en las mismas. ¡Es una conquista colosal! Sin embargo, no basta elaborar un programa correcto. Es necesario que la clase obrera lo acepte. Pero el sectario, por su propia naturaleza, se detiene una vez cumplida la primera mitad de la tarea. En lugar de participar activamente en la verdadera lucha de las masas obreras, plantea abstracciones propagandísticas tomadas de un programa marxista" (27).

Repetimos y subrayamos con Trotsky: si bien un programa basado en las conclusiones del marxismo es una conquista colosal, "no basta elaborar un programa correcto", ésa es sólo "la primera mitad de la tarea", falta todavía que la clase obrera lo acepte. Y para que lo acepten las masas, la organización revolucionaria tiene que plantear con mucha claridad y acierto la táctica y las consignas que lanza en su trabajo de penetración en las masas. Y para ello se tiene que conocer cuál es el estado de ánimo de las masas, el momento que atraviesan en su maduración, la situación concreta que vive un determinado país en el momento en que se lanzan esas consignas, en fin, la organización revolucionaria, todos sus miembros y organismos, tienen que estar concentrados e insumidos en la labor de transformar a la masa, en un momento y lugar determinados. En eso consiste "participar activamente en la verdadera lucha de las masas obreras", con la finalidad de no cometer el error propio de la secta: "Plantea abstracciones propagandísticas tomadas de un programa marxista".

Uno de los rasgos más sobresalientes del POR es, precisamente, el hecho de que trabaja casi exclusivamente con ‘abstracciones propagandísticas’ a lo largo de su existencia, como puede comprobarse, por ejemplo, revisando el periódico Masas; abstracciones propagandísticas que se repiten incansablemente en más de un millar de ejemplares. Parecería que cree que a fuerza de repetir y repetir las mismas abstracciones propagandísticas podrían realizarse éstas en cualquier momento.

Toda su actividad ‘teórica’ gira incansablemente en torno a la ‘elaboración programática’, que no es más que la repetición de las conclusiones marxistas a partir de tales o cuales pasajes de la historia boliviana. En los hechos, se detuvo "una vez cumplida la primera mitad de la tarea", es decir, la elaboración de un programa basado en conclusiones marxistas. Repetimos que en el plano metodológico esa elaboración es tosca y mecánica, pero la piedra de toque para saber si una organización es efectivamente marxista y revolucionaria no radica solamente en esto. Tiene que medirse también en su capacidad para penetrar en el seno de las masas, convertirse en su dirección.

Como ejemplo de lo que afirmamos podemos tomar el caso de la consigna ‘revolución y dictadura proletarias’, que sale incansablemente en Masas una y varias veces en el mismo número. ¿Será por esa repetición innumerable de veces de la estrategia revolucionaria que ésta está más cerca en la lucha de las masas bolivianas? Ciertamente que no. Los bolcheviques, para tomar el poder en 1917, no tuvieron que sacar a cada momento y en todos los periódicos esa consigna, sino que la concretizaron con la voz de orden "¡Todo el poder a los soviets!". Eso no quiere decir que los revolucionarios olvídemos u ocultemos la estrategia revolucionaria, que es la piedra de toque de toda nuestra actuación. Lenin escribió ese mismo año El Estado y la Revolución, que estaba dirigido a la vanguardia de las masas y a la militancia revolucionaria.

Para colmo de males, el lorismo indica que si no se repite en todos los números del periódico la estrategia, y además bajo la forma más directa y descarnada, ‘revolución y dictadura proletarias’, es síntoma de que se está ocultando la posición revolucionaria y, por lo tanto, esa organización ya no lucha por la revolución... Se trata, ciertamente, de una caricatura de la posición marxista-revolucionaria, un revolucionarismo verbal barato y superficial. De acuerdo a esa óptica, ciertamente que Lenin y los bolcheviques ... no eran revolucionarios (!). Menos aún Marx, que muy pocas veces escribió las palabras "dictadura revolucionaria del proletariado".

Seguramente, no nos equivocamos si decimos que en los 1.500 Masas que han circulado, hay más de 5.000 veces (!!) escritas esas palabras, para reafirmar de la manera más tajante y definitiva su revolucionarismo verbal. Estamos, ciertamente, ante una ridícula imitación del bolchevismo... Ya los clásicos nos enseñaron que ni siquiera nombrando a Marx en cada frase es suficiente para ser marxistas-revolucionarios.



11) Trotsky enseña que todo movimiento revolucionario de gran envergadura comienza con el racionalismo, que en ese momento es progresivo, pero posteriormente se convierte en reaccionario. De la misma manera, todo partido obrero, toda tendencia revolucionaria, atraviesa, en sus etapas iniciales, "un período de propaganda pura, es decir, de educación de sus cuadros. El período de existencia como círculo marxista le inculca inevitablemente el hábito de enfocar los problemas del movimiento obrero en forma abstracta". Pero los revolucionarios no pueden quedarse en esa etapa infantil, están obligados a sobrepasarla en un determinado momento, y si no lo hacen se degeneran, existen como hombres-niños, deformados. En el plano de la política revolucionaria, Trotsky sacaba las conclusiones: "Quien no es capaz de trascender oportunamente los límites de esta existencia limitada se transforma en un sectario conservador" (28).

En determinadas circunstancias, el propagandismo abstracto, basado en la lógica formal, puede transformarse en un factor reaccionario. Esto se da cuando ese propagandismo abstracto, en vez de contribuir al avance de las masas hacia adelante, se transforma en un obstáculo para su avance, o al ser tan abstracto no influye para nada, convirtiéndose en la acción de una secta intrascendente. Trotsky decía: "el racionalismo (propagandismo abstracto) se vuelve un factor reaccionario cuando se dirige contra la dialéctica". (29).

Una consecuencia inevitable de esta concepción del ‘propagandismo abstracto’ en el lorismo es que cuando una organización no juega con el mismo propagandismo abstracto, automáticamente es considerada como reformista, capituladora, etc.



12) En el plano del análisis de la situación política, la secta lorista (POR) confunde la necesidad histórica de la revolución en la presente etapa, con la madurez de las condiciones para que la revolución se produzca.

Por eso es que, si bien formalmente habla en lenguaje leninista de situación pre-revolucionaria, revolucionaria, insurreccional, etc., en verdad no alcanza a distinguir entre unas y otras.

En los hechos, la secta lorista está convencida de que en cualquier momento puede producirse la huelga general indefinida o la propia insurrección, no importando en qué momento se encuentre la situación política, a veces incluso en contra de su propia caracterización. Una prueba de esta afirmación es que, por ejemplo, durante todo el período que G. Lora caracterizó como de derrota del movimiento obrero (luego del aplastamiento de la huelga de septiembre de 1985), en varios conflictos planteó la posibilidad de ir hasta la conquista del poder, como fue el caso de la marcha por la vida de los mineros. Su más grave acusación en contra de la dirección sindical fue que, precisamente, no quisieron llevar hasta las últimas consecuencias la lucha. Posteriormente, G. Lora caracterizó de pre-revolucionaria la situación y, sin embargo, con la huelga de hambre de Miguel Lora, nuevamente se exigía que los dirigentes vayan prácticamente hasta la toma del poder. Si no hicieron aquello era la demostración de que eran contrarrevolucionarios los dirigentes.

No deja de sorprender, por ejemplo, que para el POR estemos viviendo ya casi 6 años en ‘situación revolucionaria’, porque hizo esa caracterización desde 1991. Los clásicos han enseñado que una situación revolucionaria no puede durar demasiado tiempo, porque por su propia naturaleza es transitoria; esa situación excepcional, fue descrita por Lenin como una en la que la clase dominante ya no puede seguir gobernando como antes, y las masas realizan gigantescas operaciones generales en sus movilizaciones que llegan a poner en tela de juicio el gobierno y el orden de cosas existentes.

Sorpréndase aún más el lector con la siguiente información, comprobada a través de todas las publicaciones del POR. Se trata de una resolución del congreso nacional, los periódicos Masas, La Colmena y todas las demás publicaciones: desde noviembre de 1995 hasta el mes de junio, según el POR, estuvimos en una situación de "tránsito a la insurrección", que dejó de estar en "tránsito" nadie sabe por qué, para convertirse nuevamente en una "situación revolucionaria que se profundiza". La crítica de esta caracterización irá en otro documento.

Subrayamos que este tipo de caracterizaciones son el caso general, no son excepciones. Esto porque responden a una determinada concepción del marxismo por parte de la secta lorista, un ‘marxismo’ dogmatizado, incapaz de servir para el análisis objetivo de la realidad y que sólo tiene la función de ganar adeptos fanatizados por algún tiempo.

En síntesis, queda demostrado que para el POR, la caracterización política en realidad no sirve para nada, es un puro juego de palabras que sólo juega un rol en la subjetividad de los militantes.

Cierto, la ‘política’ de la secta es, en realidad, simplemente un psicologismo, un manipuleo psicológico de los militantes por parte del jefe y teórico indiscutido. Ese ‘juego’ consiste en estimular al militante con cualquier acontecimiento de la lucha de clases —por insignificante que éste sea— para recordarle que en cualquier momento puede venir la ‘convulsión social’, y que eso debe conducirlo a un sacrificio heroico para que se pueda dar la revolución. Se puede revisar toda la literatura lorista —al menos la de veinte años atrás— y se encontrarán las más increíbles caracterizaciones de este estilo.



13) Para poder mantener sus ‘caracterizaciones políticas’, el lorismo (POR) está obligado a manejarse con un subjetivismo extremo. El subjetivismo en política es grave y puede conducir a equivocaciones de envergadura. En su sentido más elemental consiste en creer que lo que un individuo piensa se puede atribuir a la masa. En otros casos se refiere a la generalización de los sentimientos y el estado de ánimo de un sector de los explotados para el conjunto de la masas.

El POR, en el mejor de los casos, consulta el estado de ánimo de ciertos sectores radicales, que no siempre son la vanguardia. Este método, que puede ser justo en el momento en que hay extrema radicalización de la lucha de clases, y la vanguardia se fusiona con la retaguardia, con la mayoría de los explotados, es falso cuando se trata de aplicar a todas las situaciones.

Por ejemplo, la caracterización que se hizo cuando en 1981 se lanzó a la organización a transformarse en un ‘partido de masas’ de 1.000 y 20.000 militantes (!). Antes de la caída de las dictaduras militares se decía que había una enorme radicalización que tendía a trocarse en insurreccional, y que las masas viraban hacia las posiciones del trotskismo, ante la crisis que se daba en la UDP, un frente popular que había estructurado un fantasmagórico gobierno ‘en el exilio’. Al cabo de un tiempo, en 1982, la burguesía y el propio imperialismo viabilizaron que el gobierno pase a manos de la UDP, porque resultaba peligroso, para la estabilidad del régimen, la mantención de las dictaduras militares. Se produce el apoteósico recibimiento a Siles Zuazo en la plaza San Francisco, y vuelve una relativa calma en la lucha de clases; las masas dan un plazo de 100 días y más para que se supere la crisis. Lo increíble es que el POR fue incapaz de rectificar la línea aprobada en 1981, a pesar de que los acontecimientos, la actitud de las masas, de las grandes mayorías, estaban señalando lo contrario: la situación revolucionaria había involucionado, ni la vanguardia y menos aún las grandes masas se orientaban hacia la insurrección, la situación política había cambiado radicalmente. Sin embargo, el POR seguía basándose en los pequeñísimos sectores de los explotados que desconfiaban de la UDP, que querían seguir adelante sin depositar ninguna confianza en el gobierno frentepopulista. ¿Qué había pasado? Simplemente, que había un subjetivismo extremo, en el sentido de que el POR se apoyaba en esa pequeña minoría que, por añadidura, se había separado completamente de la masa, que en ese momento depositó su confianza en Siles Zuazo y en el frente burgués (UDP).

Las consecuencias de ese error político y de la incapacidad de rectificarlo fueron graves; G. Lora quiso disolver el POR por su desesperación y su enorme desorientación en torno a un fenómeno que jamás pudo comprender. Ni las masas ni el partido se movieron de acuerdo a sus deseos.

Trotsky enseñaba que el sectario no puede comprender que las masas tienen su propia evolución, con sus propios resortes y mecanismos, y que el marxista no puede pensar que las masas evolucionan con consejos o lecciones del profesor, que en este caso sería el partido, sino que evolucionan de acuerdo a su propia experiencia. Al respecto, señaló lo siguiente: "Para el sectario, la vida social es una gran escuela y él su profesor. Opina que la clase obrera debería dejar de lado las cuestiones de poca importancia y agruparse alrededor de su tribuna profesoral". Así se haría la revolución.



14) En una secta, el subjetivismo es un mal crónico, responde a sus características de secta. Por ejemplo, en el proceso electoral actual, da risa analizar la propaganda porista, cuando en su número 1.556 dice: "La resistencia a la demagogia, el repudio a las elecciones es prueba de que las masas bolivianas ya se han emancipado ideológica y organizativamente de la clase dominante, de la burguesía y de su gobierno de turno". "La abstención es ya acción directa y conduce a la revolución social", "hay que organizar al pueblo y armarlo para acabar con la dictadura burguesa y la vergüenza parlamentaria", y cosas por el estilo. Como se ve, el lorista está convencido de que el abstencionismo es ya una posición revolucionaria y hasta porista; además, cree que se puede armar el pueblo en este momento, está convencido que estamos en una situación insurreccional, o por lo menos al borde de ella.

Si se hace un análisis marxista de esas afirmaciones, queda al desnudo un subjetivismo extremo. En primer lugar, es absurdo plantear que la abstención es ya acción directa. Hay sectores abstencionistas que son ultraderechistas, que preferirían un golpe militar que discipline a todos, incluidos a los politiqueros demagogos que derrochan mucho dinero en las campañas. Hay otro importantísimo sector de abstencionistas que no es propiamente por repudio a las elecciones que no asisten a ellas, sino porque en el campo no existen las motivaciones ni la necesidad suficiente para ir a votar. Ciertamente, una capa de las masas no irá a votar porque repudia a todos los politiqueros y su montaje electoral, pero ni siquiera éstos están dispuestos a tomar las armas para acabar con la burguesía... el subjetivismo es un poderoso instrumento de autoconvencimiento de la secta.

El mismo fenómeno ocurre con los últimos conflictos de campesinos, obreros, gremialistas y otros sectores, que según el lorismo están todos dirigidos por ellos, son trotskistas. Lo que aquí se confunde es el instinto, la acción espontánea y la acción consciente. Resulta ridículo decir que es trotskista cualquier acción de las masas, huelga o movilización. Eso sólo puede afirmar algún periodista despistado que no conoce desde dentro el movimiento; es imperdonable que un marxista lo afirme.



15) La secta lorista tiene un alto grado de espontaneísmo, con el que combina su propagandismo abstracto. Está convencida de que en cualquier momento las masas pueden saltar y ponerse a la altura de su misión histórica. Está convencido de que su misión es regar y regar consignas lo más radicales posibles, para luego decir que si las masas hacen eso es porque el POR lo dijo anticipadamente. Por ejemplo, ahora está señalando que hay que organizar al pueblo y armarlo en vez de ir a votar en las elecciones, lo que constituye, ciertamente, un propagandismo abstracto que muy pocos adherentes podrán creerlo, y ni siquiera los militantes llevarlo a cabo, porque todos saben que son simplemente artificios de la propaganda ‘revolucionaria’, es decir, puro bla, bla.

Según el lorismo, eso es ser dirección, pero ocurre un fenómeno interesante que podemos llamarle la ‘paradoja del lorismo’. Su ‘propagandismo abstracto’ lo conduce a que cuando están lanzando las consignas ultrarradicales nadie los sigue; lo más que hacen las masas es ver con alguna simpatía tanto entusiasmo. Sin embargo, luego de todo un proceso de evolución, los explotados llegan a la convicción de que hay que tomar las armas, pero lo hacen por otros caminos, siguiendo sobre todo su propia experiencia y con otras direcciones políticas.

Eso es lo que pudo constatarse, por ejemplo, en las famosas ‘jornadas de marzo’ de 1985, cuando los mineros tomaron La Paz y virtualmente se apoderaron de la ciudad, en la que realizaban gigantescas manifestaciones, paralizando el tráfico en el momento y en el tiempo que ellos decidían; ocupando la universidad, que los había cobijado para que puedan subsistir los días del conflicto; realizando asambleas generales en el Teatro al Aire Libre, etc. Las consignas básicas que los movilizaron y que cantaban en las calles de La Paz: Salario mínimo vital, ¡el pueblo tiene hambre, conejo va comer!, que implicaba un atrevido llamamiento al derrocamiento del gobierno Siles Zuazo, y gritaban también: ¡Obreros: Al poder!, todas consignas planteadas durante mucho tiempo por el lorismo.

Lo dramático es que, a pesar de las consignas planteadas por el lorismo, la movilización no estaba dirigida por el POR, y tampoco tenía posibilidades de estarlo. Apenas tenía dos o tres unidades de militantes que, lejos de haberse ganado a la masa, ésta repudiaba a los loristas. Es por ello que ni siquiera cuando se estructuró un Comité de Huelga —a propuesta de un militante lorista— fue incorporado éste a ese comité. Lo único que se hacía era sacar dos o tres panfletos diarios que los militantes universitarios vendían.

La historia enseña que, en tiempos de revolución, un pequeño grupo puede transformarse en un partido de masas en poco tiempo, porque los explotados dan saltos gigantescos en su desarrollo, como sucedió, por ejemplo, en la revolución rusa. Sin embargo, no podemos pensar que siempre las masas están dando saltos como plantea, en los hechos, el lorismo.



16) Otro defecto muy común en la línea lorista es el vanguardismo. Están convencidos de que como todo está listo para la revolución, las masas ya están preparadas para consumar la insurrección en cualquier momento, es posible lanzarse como sector a la huelga y las movilizaciones. Es el caso de los maestros de La Paz, que de tanto lanzarse a la lucha solos o casi solos, al final han debilitado al movimiento, porque el gobierno ha aprovechado la debilidad para castigar a los huelguistas, descontar sus sueldos por huelgas, etc. Ellos estaban convencidos, en el pasado, de que arrastrarían al conjunto de los explotados a la movilización, y de ahí se convertirían en la dirección de los mismos.

Surge ahí otra de las características de la secta. Todos los fenómenos negativos en el movimiento obrero son de responsabilidad de la burocracia sindical, aunque esos fenómenos sean atribuibles a otros factores. En el caso presente, por ejemplo, acusan a la burocracia sindical por el hecho de que no se hubieran podido unificar los conflictos. Sin embargo, son ellos ahora los que muestran su incapacidad para seguir lanzándose a aventuras solitarias, porque la base les ha dicho basta. Las bases del magisterio no están dispuestas a seguir sacrificándose como consecuencia de la política lorista sectaria y divisionista. Es por ello que ahora el lorismo hace un viraje y señala que si no hay una huelga general verdadera no se lanzará el magisterio a la lucha. La verdad es que, en estas condiciones, será muy difícil mover al magisterio, porque están siendo duramente castigados. La causa de ello es la dirección vanguardista y subjetivista que tienen en la secta, aunque nadie niega que sus dirigentes estén dispuestos al sacrificio. Pero en la lucha de clases no es suficiente el coraje y la buena voluntad, por sobre ello se necesita una línea política correcta.

Se puede decir que G. Lora sigue siendo víctima del ‘trauma del ‘52’, que significó el estallido de la insurrección del 9 de abril, insurrección victoriosa que cogió al POR en pañales —política y organizativamente— y a Lora en París... Sin embargo, no por tanto desearlo se produce, como se comprueba en los más de 40 años en los que no se ha repetido la insurrección. Eso no quiere decir, desde luego, que ya no se producirá más; todo lo contrario, la tendencia histórica de la lucha de las masas actualmente apunta hacia allá, pero eso no quiere decir que nosotros creamos que la insurrección sea un problema de este día, de este instante, como piensa subjetivamente el lorismo.

El partido marxista, en vez de estar todos los días del año, durante cuarenta o cincuenta años, en desvelo, esperando que se produzca en cualquier instante la insurrección, tiene que estudiar científicamente la situación política y, a partir de ello, lanzarse a la lucha. Una auténtica penetración del partido en las masas le permite, precisamente, darse cuenta del momento en que puede darse un tal acontecimiento, con una precisión tal que le permite colocarse a la cabeza del movimiento.



17) El régimen interno de la secta tiene también rasgos que son dignos de análisis y que no son más que la expresión de sus rasgos políticos. En la secta todo se convierte en caricatura, en copia contrahecha. Por ejemplo, la democracia interna, el derecho a la discrepancia, la posibilidad de estructurar una tendencia o una fracción, si bien están planteados y defendidos como rasgos que la diferencian del stalinismo, en los hechos no existen.

Hay un abandono absoluto de la concepción leninista, aunque dice basarse en ella. Los peligros que implica el centralismo democrático y a los que ya se refirieron R. Luxemburgo, L.Trotsky, etc., se han desarrollado en toda su plenitud, al punto que ya no se puede hablar de democracia centralizada, sino que existe un centralismo secante, vertical e incluso burocratizado (a pesar de la pequeñez permanente de la secta).

Por una serie de circunstancias históricas —como aquella que separa en varias generaciones al líder G. Lora del resto de la militancia—, y sobre todo por la propia concepción de la secta, se ha producido una mistificación del líder, que es el único autorizado a hacer teoría y a plantear una línea política. Esa mistificación tiene como base el hecho de que G. Lora encarnaría el programa, de tal manera que toda discrepancia con el líder sería, automáticamente, una discrepancia con el programa partidista. Toda la fetichización del programa de la que hemos hablado, se encarna en la mistificación del líder.

Las consecuencias de esa deformación son funestas, porque se ha producido una marcada división del trabajo, donde los militantes de todos los niveles son los que hacen los trabajos prácticos y el líder es quien da la línea. Es por eso que no existe la elaboración colectiva en ningún momento, y tampoco puede haber una auténtica autocrítica que permita la superación de los errores cometidos.

Si sólo tiene posibilidad de elaborar el líder indiscutido, es casi imposible que se pueda elaborar una línea política adecuada, esto porque el líder aparece completamente aislado de las bases. Lo peor de todo es que el propio jefe es quien hace los balances autocríticos, por lo que no hay la menor posibilidad de que se rectifique la línea política, en esas circunstancias. Además —esto es muy importante—, el jefe no puede equivocarse para mantener el prestigio frente a los militantes de base, eso obliga a que la secta siempre tenga que afirmar la infalibilidad del jefe y la corrección de la línea planteada en el período anterior. Es un verdadero círculo vicioso que estrangula definitivamente a la secta.

Si la teoría es siempre correcta y la política planteada por el jefe no puede tener defectos, se genera una lógica macabra al interior de la secta: el que debe pagar todos los errores es el propio militante de base y también el que se dice ‘dirigente’, porque sólo ellos son susceptibles de error. Por eso es que en la secta sólo pueden haber errores organizativos y crisis organizativas. Si no se llevan adelante los planes, si no se materializa una determinada línea política, es porque los militantes de base tienen la culpa: son flojos, imbéciles, no comprenden la línea que ha planteado el jefe, en fin, son tarados irremediables. El látigo de los errores organizativos está en manos del jefe-gurú de la secta.

Es por todos estos errores que la línea equivocada de 1981, por ejemplo, no se pudo rectificar en ningún momento, a pesar de las experiencias negativas que tenían los militantes en su actuación con las masas, donde se palpaba con exactitud las deficiencias de la línea política. A veces esa línea era repudiada con apedreaduras de las masas a los militantes que trataban de difundir la línea política partidista. Es por esta situación, también, que cuando G. Lora planteó la autodisolución del POR, la única causante de que no se hubiera podido desarrollar la organización hasta llegar a los 1.000 y 20.000 militantes era, exclusivamente, la estupidez de los militantes, incapaces de comprender la línea revolucionaria lanzada por el jefe.



18) La situación anterior plantea una organización absolutamente vertical, donde las instancias de dirección no son más que las correas de transmisión de lo que el jefe señala, sin lugar a ningún cuestionamiento ni discusión por parte de los militantes que forman parte de estas instancias. Con las células ocurre algo semejante, pero en mayor medida aún, porque se convierten en las ciegas realizadoras de las decisiones de la dirección, es decir, del jefe supremo. De ahí que la formación política de los militantes de base sea totalmente nula.

En una organización bolchevique sana no puede presentarse una situación similar, porque en cada instancia se practica la democracia interna y el dominio de la mayoría con referencia a la minoría. La organización de Lenin, por ejemplo, hasta el momento supremo de la insurrección, tuvo discrepancias con su jefe, que incluso retrasaron peligrosamente la insurrección, porque ellos consideraban, como cuerpo colegiado, que no era posible ni conveniente realizar la insurrección. La célula es una verdadera formadora de militantes revolucionarios con criterio propio, pero que aprenden a subordinarse a su organización de combate y centralizada.



19) En la secta, el jefe vitalicio no puede ser cuestionado y el momento en que se da un cuestionamiento por parte de algún militante o dirigente, aquél decide defenestrarlo definitivamente, o someterlo de la manera más implacable. En el límite, y si no se ha producido el sometimiento ovejuno, si el disidente se mantiene en sus posiciones críticas, el jefe decide utilizar una de sus armas preferidas, que es la acusación de que el rebelde ha cometido algún delito. Eso ha sucedido en múltiples oportunidades; por ejemplo, el militante A., que inicialmente era muy crítico y que tenía pasión por asimilar por su propia cuenta el marxismo. En un momento determinado fue acusado de robo y expulsado de la organización. Al cabo de un tiempo volvió con el rabo entre las piernas y hasta hoy se mantiene, esta vez en calidad de dirigente. Lo mismo sucedió con su colaboradora directa N., que fue expulsada por delación y posteriormente fue perdonada a condición de un sometimiento incondicional; ahora sigue gozando de buena salud dentro de la secta. Ya en el pasado se conocieron casos semejantes, como en el caso de Víctor Sosa, cuya ex-compañera (que sigue en buena posición al interior de la secta) reconoce que jamás hubo robo, pero G. Lora lo expulsó por ese delito, aun a sabiendas de que no había pasado nada. En otros múltiples casos se ha dado una situación similar; la mayor parte de ellos han sido empujados a la cuneta de la historia y de la lucha revolucionaria, no han tenido ni la claridad ni la fortaleza para continuar en la lucha.

Lo mismo se hizo con J. P. Bacherer y con la tendencia que virtualmente se estructuró en Cochabamba, por parte del Comité Central de aquella época. En esa oportunidad, por primera vez se ha logrado no sólo desbaratar la calumnia, sino también descubrir las causas más profundas de semejante monstruosidad. Como se ve, la secta ha entrado hace ya tiempo en un proceso de putrefacción interna que la incapacita para regenerarse a sí misma. En la Conferencia Nacional de 1994, Juan Pablo Bacherer pidió solamente que se estructurara un Tribunal —ya que no existía comisión de control— para juzgar si era falsa o cierta la acusación de G. Lora contra él, no estaba pidiendo que se lo exculpe de ninguna acusación. En aquel momento formuló con toda claridad que lo que se estaba jugando no era su caso personal, sino la propia existencia del POR, por cuanto no era posible que la organización se deshiciera de uno de sus cuadros con una simple acusación del jefe supremo. La organización debía defenderse a sí misma, comprobar si esa acusación era cierta o falsa. La decisión de esa conferencia sepultó definitivamente a la secta, porque le cerró la posibilidad de autosuperarse, autocriticarse. La verdad que esa petición llegó demasiado tarde, el proceso de degeneración había avanzado demasiado.



Para concluir, con Trotsky y el Programa de Transición, repetimos: "La premisa necesaria de los éxitos revolucionarios es la depuración de la IVª Internacional del sectarismo y de los sectarios incorregibles".



La Paz, 24 de abril, 1997

Notas

(*) Extraído de Cuadernos marxistas Nº 5



1. Karl Marx, El Capital, T. I.

2. Karl Marx. Federico Engels, El Manifiesto Comunista.

3. Idem.

4. Karl Marx, Miseria de la filosofía.

5. Federico Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra.

6. Karl Marx, Miseria de la filosofía.

7. Federico Engels, ob.cit.

8. Karl Marx, Miseria de la filosofía.

9. Karl Marx, Federico Engels, El Manifiesto Comunista.

10. Karl Marx, Las luchas de clases en Francia,1848-50.

11. Karl Marx, Crítica al Programa de Gotha.

12. Vladimir Ilch Lenin, ¿Qué hacer?.

13. Idem.

14. Idem.

15. Idem.

16. Idem.

17. Idem.

18. G. V. Plejanov, La clase obrera y los intelectuales socialdemócratas, publicado en Iskra, en los Nos. 70 y 71 de julio y agosto de 1904).

19. Idem.

20. Idem.

21. Idem, subrayado de G. V. Plejanov.

22. Actas del II° congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, en el Dossier de Que faire?, elaborado por Jean Jaques Marie.

23. Vladimir Ilch Lenin, ¿Qué hacer?

24. Idem.

25. Karl Marx, Federico Engels, Manifiesto Comunista.

26. León Trotsky, El Programa de Transición.

27. G.Lora, Las cuatro internacionales.

28. ídem.

29. ídem.


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Conferencia Nacional de
la Oposición Trotkista


Entre el 28 y el 30 de marzo se realizó la Conferencia Nacional de la Oposición Trotskista de Bolivia, con la presencia de treinta compañeros, entre delegados y observadores. Además de los compañeros excluidos del POR en 1994, era notable la presencia de jóvenes reclutados luego de esa fecha. Participaron de la Conferencia Jorge Altamira y Osvaldo Coggiola, los que tomaron parte activa en sus debates y en la redacción de las resoluciones finales.

La Conferencia despertó gran expectativa en la vanguardia obrera y juvenil, hecho comprobado en la presencia de 100 compañeros en su acto inaugural, en una universidad cerrada debido al feriado del 27 de marzo. En los debates tomaron parte la totalidad de los delegados, todos ellos dirigentes de lucha en sus lugares de trabajo y estudio. La Conferencia fue seriamente preparada por documentos previos, que fueron ampliamente discutidos.

Fue aprobado el documento de ruptura definitiva con el POR ("El POR se ha transformado en secta nacionalista"), en el que se caracteriza la evolución contrarrevolucionaria del lorismo, en nombre de la ‘excepcionalidad boliviana’, que lo lleva a atribuir características revolucionarias intrínsecas a elementos de la ‘bolivianidad’ (en especial el Ejército), al mismo tiempo que se reivindican sus conquistas programáticas de crítica marxista del nacionalismoburgués y pequeño burgués, hoy abandonadas. La caída del POR en el nacionalismo y en el propagandismo abstracto caracteriza el fracaso del lorismo para estructurar el programa revolucionario; sus métodos caudillesco-burocráticos (resistidos por la Oposición) evidencian su adaptación organizativa al populismo nacionalista.

En la resolución sobre situación política, la OTPOR abandona la caracterización de ‘situación revolucionaria’, defendida por el POR a lo largo de la última década. Se plantea la necesidad de luchar por la independencia de clase, inclusive en el terreno electoral. En la resolución electoral se plantea la necesidad de un frente de izquierda independiente, combatiendo el Frente Popular, pergeñado por las astillas del stalinismo y el morenismo, con la ‘sombra de la burguesía’, en Izquierda Unida.

Se aprobó una resolución específica de lucha por el partido revolucionario de la clase obrera, caracterizando la crisis de dirección, el desplazamiento de la vanguardia hacia posiciones independientes, y el lanzamiento de una campaña hacia un congreso de fundación del partido revolucionario, que deberá ser realizado antes del final de 1997.

En la parte internacional, la conferencia aprobó la declaración de las organizaciones trotskistas reunidas en Génova, por la refundación inmediata de la IVª Internacional, así como la declaración sobre Albania producida en esa reunión. El debate internacional fue uno de los más profundos, discutiéndose inclusive la trayectoria internacionalista reciente del Partido Obrero.

El lunes y el martes posteriores a la conferencia, Osvaldo Coggiola realizó dos conferencias en la Universidad de La Paz, organizadas por la Oposición, sobre la crisis estructural del capitalismo mundial y sobre la situación política internacional, donde fue acogida con extraordinario interés la propuesta de lanzamiento de una campaña por la refundación de la IVª Internacional. Más de doscientos compañeros asistieron a cada conferencia.

El miércoles, la actividad fue interrumpida por el partido Bolivia-Argentina. El jueves 3 de abril por la noche, la Oposición Trotskista dio a conocer las conclusiones de su Conferencia en el paraninfo de la Universidad. Asistieron casi 400 compañeros, e hicieron uso de la palabra Juan Pablo Bacherer, César Uscamayta y Jorge Viaña. El programa periodístico de mayor audiencia en Bolivia, el de Cristina Corrales en Canal 2, entrevistó también a Juan Pablo Bacherer sobre la Conferencia.

Las tareas están claramente planteadas. La Oposición lidera, en estos momentos, la lucha contra el fraude en las elecciones universitarias, amañadas por las corrientes progubernamentales, imponiéndose en todas las asambleas. Está abierta la ruta para la construcción del partido revolucionario en Bolivia.

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