22 de septiembre de 2011

LA MARCHA INDÍGENA DESENMASCARA AL “PROCESO DE CAMBIO”

TIPNIS: El gobierno sin posibilidad de maniobra
Miguel Lora Ortuño
A pesar de todo lo que ha hecho, el gobierno no ha podido desmontar la marcha de los indígenas de tierras bajas que permanecen tercamente en la carretera, concentrando la atención y la furia del país. Las críticas de los sectores ecologistas en el plano internacional han recrudecido, dejando al desnudo la hipócrita prédica del presidente indígena defensor de la “Pachamama”.


Como último recurso, haciendo caso a los indigenistas en sentido de que un indio tiene mayores posibilidades de entenderse con los marchistas, Evo Morales ha enviado al canciller Choquehuanca para que negocie con los marchistas y logre frenar la marcha, pero paralelamente ha montado un bloqueo en Yucumo con los llamados “interculturales” y ha enviado medio millar de carabineros con la clara intención de impedir el avance de los marchistas.
Hasta ahora todo ha fracasado. La posición de Choquehuanca de negar cínicamente la existencia de un bloqueo oficialista en Yucumo, con el argumento de que es “invento” de la prensa, enerva a la gente porque no se puede concebir una postura más cínica en el “jefe de la diplomacia” boliviana. La decisión de Morales de ir a conversar con los cien desertores que abandonaron la marcha en el mismo Isiboro Sécure, en lugar de debilitar la movilización, ha provocado mayor repulsa en los marchistas y en la opinión pública nacional.
La movilización de los carabineros le ha creado otro problema al gobierno; los curas, la oposición política y los propios parlamentarios masistas han señalado que sería inconstitucional impedir por la fuerza que la marcha llegue a La Paz. Incluso los folkloristas han pedido al gobierno que cumpla con su obligación constitucional de garantizar la integridad física de los marchistas hasta que lleguen a la sede de gobierno.
¿Qué le queda a Evo Morales? ¿Estará dispuesto a pagar un altísimo costo político reprimiendo la marcha? A estas alturas de los acontecimientos podemos señalar sin temor a equivocarnos que toda posibilidad de maniobra en el gobierno se ha agotado y, si tiene todavía un poco de sentido común, debería abrir el paso para que los indígenas lleguen a La Paz.
El “proceso de cambio” desenmascarado
Aparecen como hongos los “analistas”, hasta la víspera fervientes defensores del “proceso de cambio” y adulones del “genial presidente indígena”, esta vez para lazar quejumbrosas voces a coro. Unos acusan al gobierno de haber traicionado al proceso de cambio y a la “filosofía” de la defensa de la “pachamama”; otros dicen que ha sido conducido a un callejón sin salida por sus asesores de la “derecha neoliberal”; algunos, aquellos que adoptan poses de profundos “teóricos”, dicen que –en el camino— ha cambiado de contenido de clase, de indígena “revolucionario” se ha trocado en “agente del imperialismo”.
Todos aterrizan en el mismo terreno subjetivista de pensar que un gobierno puede simplemente cambiar de naturaleza por sus errores, por la acción de los asesores o por la incomprensión de los protagonistas sobre la naturaleza del glorioso “proceso de cambio” que se inicia en Bolivia hace apenas seis años. Además, todos ellos parten de la convicción de la viabilidad de que procesos como las que estamos viviendo en Bolivia pueden sacar al país del atraso y la miseria y permitir el paso indoloro del capitalismo al socialismo (revolución democrático cultural).
El enjambre de “analistas” no entiende nada de lo que está ocurriendo en el proceso social boliviano y, si algunos sospechan algo, no tienen el coraje ni la lucidez para hacerse una severa autocrítica de sus desvaríos “teóricos”.
Sólo el POR, usando el marxismo como método de interpretación de la realidad, ha señalado las causas materiales de por qué el gobierno del MAS –a pesar de su desbordante verborrea demagógica y supuestamente antiimperialista—estaba condenado a desarrollar una política burguesa y a terminar como agente del imperialismo. Ha señalado que representa al sector pequeño propietario de los campesinos (cocaleros, colonizadores ahora llamados interculturales y a esa inmensa masa de pequeños parcelarios que son producto de la reforma agraria de 1953) cuyo interés material y legítimo es la defensa de su pequeña propiedad privada, su aspiración a convertirse en grandes propietarios y empresarios prósperos.
De manera natural, esta inmensa masa de explotados del agro choca con los intereses materiales de otro sector indígena que se asienta sobre la propiedad comunitaria de la tierra que perdura en las TCOs en el Oriente y en los ayllus en el Occidente, porque consideran que la única forma de agrandar su pequeña propiedad es a costa del avasallamiento de las tierras comunitarias que en el Oriente sobreviven como reservas forestales. Se trata de una de las manifestaciones del choque de formaciones sociales del ámbito pre capitalista que sobrevive en el país.
Sin embargo, este choque entre la pequeña propiedad privada y la propiedad comunitaria de la tierra se agotaría ahí si Bolivia no estuviera inmersa en la economía capitalista mundial, fenómeno que la convierte en semicolonia dominada por el imperialismo a través de sus tentáculos, las transnacionales, y controlada ideológicamente por una infinidad de canales como la educación, las ONGs, la gran prensa y la cultura en general. La dominación imperialista es sobre todas las clases oprimidas del país, sobre los campesinos pequeños propietarios, sobre los originarios comuneros, sobre los trabajadores asalariados y sobre las vastas capas de la clase media empobrecida de las ciudades.
Lo aparentemente paradójico de este proceso es que el gobierno MAS que empieza como la encarnación de los de los intereses materiales de los pequeños propietarios, explotados por el imperialismo, termine fungiendo como “socio” de las transnacionales, como sirviente del poder extranjero y de la clase dominante nativa, ésta última, fatalmente condenada a convertirse en instrumento del amo extranjero debido a su debilidad económica.
En consecuencia, la política que desarrolla el gobierno del MAS, lejos de superar el atraso y la miseria de los pequeños propietarios, lo que hace es remachar sus cadenas de opresión ejercitada por el imperialismo. En el actual conflicto del TIPNIS, de imponerse la construcción de la carretera, quienes se llevarán la parte del león serán las transnacionales y los empresarios privados; los “interculturales” y cocaleros se limitarán a depredar manualmente como hormigas el parque, pero cada vez más sometidos por el imperialismo.
El balance político, a esta altura de los acontecimientos, confirma a plenitud la interpretación que hizo el POR de la naturaleza del MAS y de su gobierno. Desenmascara categóricamente los desvaríos de los intelectuales que abrazaron el posmodernismo reaccionario como sustento ideológico del “proceso de cambio”. Evo Morales, para mantenerse en el poder, está condenado a cobijarse a la sombra del imperialismo y terminar reprimiendo a sus aliados de la víspera, al movimiento obrero y a la política revolucionaria del proletariado expresada en el programa del POR.
* Profesor de Filosofía y dirigente de la Unión Revolucionaria de Maestros (URMA) del POR.

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